
La tensión anunciada ni siquiera apareció por el Velódromo. Una auténtica marea humana no se quiso perder una Junta General que iba a designar al nuevo presidente y a los nuevos administradores de la sociedad. Hizo falta casi hora y media de demora para poder iniciar la Junta. A pesar de la larga espera, no se produjo el menor incidente. Ni protestas, ni quejas. La expectación no estuvo tejida de impaciencia.
Un total de 2.661 personas aguardaron con absoluto respeto el momento en que el acto pudiera comenzar. El retraso era consecuencia directa del gran número de asistentes que no se quisieron perder la Junta. Otras veces también había sido así y la impaciencia se dejó sentir. En la Junta Electoral del 30 de junio de 2005, aquella en la que fue elegido Miguel Fuentes como presidente, el retraso se convirtió en fuente de protestas.
Apoyo a Badiola
En los distintos corrillos se notaba que había más de una postura en el Velódromo. Desde quienes llevaban el nombre del candidato en la camiseta hasta quienes se mostraban desolados por el hecho de que no se hubiera llegado a plasmar una alternativa. Estaban los que habían ido a votar al nuevo presidente y los que habían ido a oponerse, aunque fuera de una manera simbólica, aunque no tuvieran más opción que abstenerse.
En el patio de butacas se formaban curiosas combinaciones. En la primera fila estaban accionistas que mostraban en susurros su desconfianza junto a otros que les miraban más o menos mal porque algo oían y habían ido allí para que no pasara nada que pudiera truncar el acceso al poder de su candidato.
Pero lo que se respiraba ayer en el Velódromo era la pasión por la Real y por esa promesa de cambio que Iñaki Badiola ha protagonizado en estos dos últimos meses. El apoyo a Badiola se palpaba en el ambiente y la primera muestra la tuvimos cuando el candidato único hasta la víspera y sus doce compañeros de candidatura se dirigieron a los asientos que le habían reservado en el lado derecho de la primera fila. Una salva de aplausos les acogió, aunque muchos accionistas no se habían percatado de que estaban entrando en ese momento.
La primera ovación de la noche no se produjo hasta que Juan Larzabal no invitó al candidato a intervenir. Entonces el Velódromo estalló en una oleada de aplausos. Momentos antes se habían escuchado las únicas protestas cuando el todavía presidente hizo uso de la palabra.
Juan Larzabal ha firmado un proceso de transición intachable y deja al equipo en una posición que le permite aspirar a todo. La apuesta por Zubieta y por la prudencia no ha podido borrar el recuerdo del desastre anterior, pero las protestas fueron mínimas.
Iñaki Badiola reconoció a su predecesor el buen trato recibido durante estos dos últimos meses y el ambiente de la Junta permaneció estabilizado en un clima de sana expectación, de paz social. No es poco después de lo que hemos vivido en días anteriores.
Firmando autógrafos
Iñaki Badiola se dio un auténtico baño de multitudes durante el largo momento de votar. El todavía candidato apenas pudo moverse por el pasillo del recinto porque eran muchos los que querían hacerse una foto con él o pedirle un autógrafo o mostrarle su simpatía.
Badiola respondía a todos con una sonrisa y se mostró especialmente cariñoso con una seguidora que le dijo venir de Pasaia, donde tiene raíces el presidente de la Real. Era su momento de gloria. Dos meses de trabajo, prácticamente en solitario, le habían llevado a la presidencia de la Real. Sólo quedaba esperar el escrutinio de las votaciones.
Estallido de júbilo
Eran las diez de la noche, minuto arriba, minuto abajo, cuando el Consejo saliente se acercó a sus respectivos asientos en la mesa presidencial. Todo el torbellino que había un momento antes en pasillos, corredores, asientos y gradas se convirtió en unos segundos de calma expectante, de máxima atención. La gente sabía que había casi 80.000 acciones representadas. Los seguidores de Badiola no querían que el número de apoyos quedará por debajo del número de abstenciones. El plebiscito que se había tratado de evitar seguía implícito y en el Velódromo era algo que sabían todos.
Luis Ansoalde subió al estrado y empezó a leer los resultados. Pronunció el nombre de Iñaki Badiola Menéndez y añadió 57.004 acciones. El grito de júbilo recordó a los de un gol en el estadio. Los seguidores de Badiola se pusieron en pie y prorrumpieron en gritos y en vítores. Era el resultado que esperaban. Incluso más alto de lo que les hubiera parecido aceptable. Su candidato era presidente. Su ilusión podía seguir viva, ir adelante. El resto nos lo dirá el futuro, pero ayer la alegría se podía cortar.
A Larzabal le costó leer su mensaje de agradecimiento. A Badiola no se le entendió su discurso triunfal, pero ya daba lo mismo. El nuevo presidente y sus consejeros permanecieron largos minutos en el Velódromo recibiendo felicitaciones y repartiendo abrazos y sonrisas. El objetivo estaba logrado. Iñaki Badiola es presidente de la Real. El trabajo empieza hoy y el objetivo es único, Erreala Primeran.
Varias generaciones distintas
Lo que menos agradó a casi todos fue el hecho de que no quedó nada claro cómo se iban a celebrar las votaciones. El que iba a apoyar a Badiola sabía lo que tenía que hacer, acercarse a votar. Pero los que deseaban abstenerse no lo tenían tan claro. Al ver a un ex jugador de la Real en la cola, una persona mayor se quedó confusa: «¿Pero hay que ir a votar para decir que no?». El hombre daba por supuesto el sentido del voto del antiguo futbolista y descubría el suyo. Un seguidor de Badiola se lo explicó amablemente. Ayer triunfaron las buenas maneras.





