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Carta abierta a Miguel Santos
Hace unos días, en la rueda de prensa posterior al anuncio de tu decisión de no presentarte a las elecciones de la Real Sociedad, hiciste algunas afirmaciones que son totalmente falsas.
En primer lugar me llamaste títere. Con cariño, eso sí, pero títere. Esa afirmación es mentira, y tú lo sabes. En los casi dos años que he permanecido al frente de la Real Sociedad, nadie, ni persona física ni institución alguna, ha pretendido en ningún momento influir en ninguna de las decisiones que el Consejo de Administración que he presidido ha tomado. Por esa razón, la mentira que has inventado, me parece muy grave. Porque pretende desprestigiar mí persona y porque, indirectamente, acusas a alguien indeterminado de querer manejar a la Real Sociedad, contribuyendo de forma irresponsable a dar credibilidad a quienes, desde el desconocimiento, han hecho afirmaciones en ese sentido y han creado, injustamente, un falsa imagen de nuestras instituciones. A mí también me resultaría muy fácil decir sin pruebas que eres un títere de una empresa sin determinar y tu posibilidad de defenderte frente a esa afirmación sólo sería tu palabra. Eso es de cobardes, y por eso yo no lo voy a hacer.
En segundo lugar, dices que, en tu opinión, en las anteriores elecciones de la Real Sociedad hubo manipulación política. Sorprendente afirmación por parte de quien tenía entre su grupo de candidatos conocidos cargos políticos, mientras que en la candidatura que yo encabezaba no había ninguno. Si nuestra candidatura ganó las elecciones fue por el respaldo mayoritario de los accionistas. Los accionistas de la Real toman sus decisiones con total libertad y me parece una falta de respeto hacia ellos decir que aquellos que han elegido libremente una opción han sido manipulados. Yo desde luego no me atrevería jamás a decir que aquellos que te apoyaron lo estaban y te exijo el mismo respeto con aquellos que no te apoyaron. En mi opinión, esta no es más que la excusa de un mal perdedor.
En tercer lugar, vuelves a hablar de maltrato hacia ti a través de la carta que escribí al Sr. Malvido y dices que me he marchado sin pedirle perdón. En esa carta no hay ningún insulto y ninguna amenaza hacia nadie. Mientes cuando dices que se critica al máximo accionista individual de la Real Sociedad. En esa carta el único calificativo hacia el Sr. Malvido es el mismo que encabeza esta carta (por supuesto espero que no lo consideres un insulto), y contiene un requerimiento formal para que se abstenga de divulgar datos de otros accionistas. Envié esa carta porque entendí que era mi obligación en la defensa de todos los accionistas, independientemente del número de acciones que tuviera el destinatario de la carta. Para mí, el máximo accionista y el más pequeño en número de acciones me merecen el máximo respeto. Hoy volvería a hacer exactamente lo mismo. En la rueda de prensa enseñabas la carta, pero nadie podía leerla. Sé valiente y publícala. Da a todo el mundo la oportunidad de leer esa carta, que sólo enseñas, para que todos conozcamos su contenido y que cada aficionado de la Real saque sus propias conclusiones. Te animo a que la publiques.
Finalmente, he de decirte que esta carta, que por respeto te envío en primer lugar a ti, me veo en la obligación de publicarla. En primer lugar porque las mentiras que has dicho han sido públicas y creo que públicamente deben ser contestadas, y en segundo lugar porque no estoy dispuesto a permitir que esta otra carta que escribo a un accionista sea objeto de la manipulación que ya ha sufrido la anterior.
Lamentablemente me obligas a romper el silencio que desde el día de mi dimisión mantenía, y que pretendo seguir manteniendo a no ser que se vuelvan a producir acusaciones falsas e infundadas como las que ahora se han producido.
Atentamente y con cariño
En primer lugar me llamaste títere. Con cariño, eso sí, pero títere. Esa afirmación es mentira, y tú lo sabes. En los casi dos años que he permanecido al frente de la Real Sociedad, nadie, ni persona física ni institución alguna, ha pretendido en ningún momento influir en ninguna de las decisiones que el Consejo de Administración que he presidido ha tomado. Por esa razón, la mentira que has inventado, me parece muy grave. Porque pretende desprestigiar mí persona y porque, indirectamente, acusas a alguien indeterminado de querer manejar a la Real Sociedad, contribuyendo de forma irresponsable a dar credibilidad a quienes, desde el desconocimiento, han hecho afirmaciones en ese sentido y han creado, injustamente, un falsa imagen de nuestras instituciones. A mí también me resultaría muy fácil decir sin pruebas que eres un títere de una empresa sin determinar y tu posibilidad de defenderte frente a esa afirmación sólo sería tu palabra. Eso es de cobardes, y por eso yo no lo voy a hacer.
En segundo lugar, dices que, en tu opinión, en las anteriores elecciones de la Real Sociedad hubo manipulación política. Sorprendente afirmación por parte de quien tenía entre su grupo de candidatos conocidos cargos políticos, mientras que en la candidatura que yo encabezaba no había ninguno. Si nuestra candidatura ganó las elecciones fue por el respaldo mayoritario de los accionistas. Los accionistas de la Real toman sus decisiones con total libertad y me parece una falta de respeto hacia ellos decir que aquellos que han elegido libremente una opción han sido manipulados. Yo desde luego no me atrevería jamás a decir que aquellos que te apoyaron lo estaban y te exijo el mismo respeto con aquellos que no te apoyaron. En mi opinión, esta no es más que la excusa de un mal perdedor.
En tercer lugar, vuelves a hablar de maltrato hacia ti a través de la carta que escribí al Sr. Malvido y dices que me he marchado sin pedirle perdón. En esa carta no hay ningún insulto y ninguna amenaza hacia nadie. Mientes cuando dices que se critica al máximo accionista individual de la Real Sociedad. En esa carta el único calificativo hacia el Sr. Malvido es el mismo que encabeza esta carta (por supuesto espero que no lo consideres un insulto), y contiene un requerimiento formal para que se abstenga de divulgar datos de otros accionistas. Envié esa carta porque entendí que era mi obligación en la defensa de todos los accionistas, independientemente del número de acciones que tuviera el destinatario de la carta. Para mí, el máximo accionista y el más pequeño en número de acciones me merecen el máximo respeto. Hoy volvería a hacer exactamente lo mismo. En la rueda de prensa enseñabas la carta, pero nadie podía leerla. Sé valiente y publícala. Da a todo el mundo la oportunidad de leer esa carta, que sólo enseñas, para que todos conozcamos su contenido y que cada aficionado de la Real saque sus propias conclusiones. Te animo a que la publiques.
Finalmente, he de decirte que esta carta, que por respeto te envío en primer lugar a ti, me veo en la obligación de publicarla. En primer lugar porque las mentiras que has dicho han sido públicas y creo que públicamente deben ser contestadas, y en segundo lugar porque no estoy dispuesto a permitir que esta otra carta que escribo a un accionista sea objeto de la manipulación que ya ha sufrido la anterior.
Lamentablemente me obligas a romper el silencio que desde el día de mi dimisión mantenía, y que pretendo seguir manteniendo a no ser que se vuelvan a producir acusaciones falsas e infundadas como las que ahora se han producido.
Atentamente y con cariño





