
Fue durante el tradicional acto de rezo del Ángelus de los domingos, desde la Plaza del Vaticano, cuando el sumo pontífice envió un mensaje de aliento a los participantes. El Papa resaltó la «importante iniciativa» desarrollada en Madrid, organizada y convocada por la Archidiócesis dirigida por el cardenal Antonio María Rouco Varela, y envió un saludo a la cúpula eclesiástica presentes en el encuentro -más de 40 cardenales, arzobispos y obispos-, así como a los sacerdotes que participaron en la iniciativa y a los asistentes
El pontífice alentó a los presentes a dar «testimonio ante el mundo de la belleza del amor humano, del matrimonio y la familia». «Ésta -dijo-, fundada en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, constituye el ámbito privilegiado en el que la vida humana es acogida y protegida, desde su inicio hasta su fin natural».
Benedicto XVI resaltó en su breve alocución que «los padres tienen el derecho y la obligación fundamental de educar a sus hijos en la fe y en los valores que dignifican la existencia humana», al tiempo que enfatizó que «vale la pena trabajar por la familia y el matrimonio, porque vale la pena trabajar por el ser humano, el ser más precioso creado por Dios».
El Papa se dirigió de modo especial a los niños, «para que quieran y recen por sus padres y hermanos»; a los jóvenes, para que «estimulados por el amor a sus padres, sigan con generosidad su propia vocación matrimonial, sacerdotal o religiosa», y a los ancianos y enfermos, «para que encuentren la ayuda y comprensión necesarias». Y a los esposos, les dijo, «contad siempre con la gracia de Dios, para que vuestro amor sea cada vez más fecundo y fiel».
Leyes que 'relativizan'
Además de en Benedicto XVI, el gran protagonismo de la celebración por la institución familiar, coincidiendo con la festividad de la Sagrada Familia, recayó en el cardenal arzobispo de Madrid, promotor de la solemne celebración. Durante su homilía, Antonio María Rouco Varela recordó que, en el mismo lugar, Juan Pablo II presidió dos históricos encuentros, en 1993 y 2003, para la canonización de santos españoles, y muy cerca, en la madrileña Plaza de Lima, proclamó «con un inusitado vigor el Evangelio de la Familia» el 2 de noviembre de 1982, hace 25 años.
Rememoró que, en aquellas fechas, el entonces Papa resaltó que «la familia es la única comunidad en la que todo hombre 'es amado por sí mismo', por lo que es y no por lo que tiene».
Censuró Rouco que, 25 años después, ha surgido un «medio ambiente cultural y social, en crecimiento continuo, donde se relativiza radicalmente la idea misma del matrimonio y de la familia y se fomentan desde las edades más tempranas prácticas y estilos de vida en las relaciones entre el varón y la mujer opuestos al valor del amor indisoluble y al respeto incondicional a la vida de la persona desde el momento de su concepción hasta la muerte natural». Una realidad social, dijo, «posibilitada y favorecida jurídicamente por las leyes vigentes».
«Grave e inquietante»
El viaje Benedicto XVI a Valencia en julio de 2006 con motivo del V Encuentro Mundial de las Familias supuso, según el arzobispo de Madrid, una renovación de la fe «en medio de un mundo ideológico y social hostil a la familia». «Los hechos, sin embargo, que siguen dominando y condicionando la opinión pública sobre la familia y la misma realidad familiar -la destrucción temprana de los nuevos matrimonios, la violencia doméstica, la escalada del número de abortos con el escándalo del aborto en las preadolescentes y el de los abortos tardíos...- interpelan fuertemente a nuestras conciencias».
La respuesta de la familia cristiana a esta crisis radica en admitir que «el origen y el fin del matrimonio y de la familia , sus elementos constitutivos, sus propiedades esenciales y las normas de vida que han de regirla, vienen determinadas por Dios a través de la naturaleza del ser humano y de la norma moral natural que de ella se desprende».
Sin imposición
Y es que, argumentó Rouco, «ni la familia, ni el matrimonio en que se funda, ni el don de la vida -los hijos-, están a disposición de la voluntad de hombre alguno o de cualquier poder humano. Ni las personas particulares, ni los grupos sociales, ni la sociedad en su conjunto, ni la autoridad del Estado pueden manipular a su gusto sus orígenes, su naturaleza y sus propiedades esenciales».
«Ofrecemos nuestro testimonio -dijo Rouco-. No lo imponemos. Pero sí pedimos a Jesús, María y José que sea comprendido, que sea aceptado. Más aún, que contribuya a que la conciencia social y la valoración cultural por parte de la sociedad española en el reconocimiento del valor insustituible de la familia y el matrimonio gire, y gire pronto», en la estimación popular y «en la valoración política y en la legislación del Estado».
El presidente de la Conferencia Episcopal y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, dedicó unas palabras de saludo en las que resaltó que el matrimonio y la familia son centro neurálgico de la humanidad». «A veces se oscurece hasta el mismo sentido y configuración de la familia; en medio de los llamados modelos de familia puede difuminarse lo que es la familia cristiana y hasta la misma familia como institución de la humanidad».
El cardenal arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, pronunció el discurso más duro y criticó el «fraude y engaño» que suponen «la cultura del laicismo radical» y los ataques contra la familia tradicional, una postura que conduce «a la desesperanza, el aborto, el divorcio exprés y la ideología. Por ese camino -adujo- no se respeta la Constitución y nos dirigimos a la disolución de la democracia».















