Padre e hijo madrugaron y se subieron al tren en Donostia para, diez minutos más tarde, bajarse en Tolosa. «Hemos pagado diez euros, pero ha valido la pena. Ha sido un capricho». En la estación de la villa papelera no perdieron la ocasión para hacer fotos del tren cuando ya enfilaba rumbo a Madrid.
«Nos ha parecido magnífico. Está todo nuevo, los asientos son más confortables, hay reposapiés...», asegura el padre, a quien la afición por los trenes le viene «de niño, cuando tomaba el tren de Valladolid a Bilbao para ver a la familia».
A pesar de la satisfacción de los diez minutos en el S130, a padre e hijo les queda la espinita de no haber probado el tramo entre Valladolid y Madrid, a 250 km/h. «En Semana Santa iremos a Valladolid, pero haremos el viaje hasta Madrid para ver cómo corre el tren en ese tramo. Luego subiremos a Pucela». En casa tienen trenes de miniatura.







