El verano pasado el vestuario de la Real estaba herido por el golpe del descenso. Cada futbolista tenía la autoestima por los suelos. El club vivía una crisis desconocida y la situación financiera limitaba las posibilidades de reforzar el equipo. Kovacevic, al que ni siquiera trataron de renovar, y Savio buscaron nuevos destinos. Garrido fue traspasado al Manchester City. A López Rekarte le pagaron para que renunciara a la renovación automática y se fuera.
Llegaron como refuerzos exteriores Vaughan y Delibasic junto a tres realistas que venían de conocer en carne propia la dureza de la Segunda División. El primer partido contra el Castellón puso de manifiesto la profundidad de las heridas recibidas. Nos preguntábamos entonces dónde se frenaría la caída. Bueno, pues aquel grupo maltrecho formado en su inmensa mayoría por jóvenes futbolistas de Zubieta, ha sabido superar todas las tormentas y cierra el año en disposición de pelear tras nueve partidos seguidos sin perder y con dos victorias consecutivas en las que ha sabido remontar el gol inicial de dos buenos adversarios.
La evolución de jugadores como Elustondo y Estrada nos mandó ayer a casa reconfortados. Tengo la impresdión de que estamos en el buen camino. Me conformo con que en enero llegue un zurdo y alguien que me recuerde en algo a Nihat. Con eso y con que el viento de locura que nos amenaza amaine a tiempo, me atrevería a empezar el año sonriendo.





