- ¿Cómo empezaron los problemas?
- A mi hijo, que ahora tiene 18 años, le detectaron la enfermedad con 14 meses. Con un año empezó a tomar cereales y empezaron los vómitos y diarreas. Lloraba mucho y rechazaba la comida, cuando hasta entonces había tenido muy buen apetito. Cambió radicalmente. No quería jugar con nadie ni bajarse de la silla. A su hermano, su compañero de juegos, le rechazaba.
- El diagnóstico, ¿cambió la situación?
- A la semana, era otro niño. Y todo por el cambio de alimentación. Fue increíble.
- ¿Resulta complicado el día a día?
- Se trata de mirar siempre lo que se come. Con la verdura, la carne y el pescado, si no lo 'contaminas' a la hora de la preparación, no hay ningún problema. Las dificultades surgen si vas a un restaurante, aunque la sensibilización social es cada día mayor. A veces te encuentras con alguien un poco impertinente que piensa que eres una maniática. Son personas a las que les falta información.
- Los alimentos específicos para celíacos son más caros...
- Un paquete de pasta puede costarte tres euros y pico, frente a los 90 céntimos de euro de uno normal. Hay que usar siempre una harina especial. Y galletas y productos específicos. El pan que se consume es congelado o envasado.
- ¿No hay problemas de disciplina a la hora de poner un menú sin gluten a un niño o un adolescente?
- Mi hijo nunca ha probado el pan normal. Está acostumbrado. A veces nos pregunta a qué sabe. Y también a qué sabe el barquillo del helado. Fuera de casa se se controla muy bien. Es un joven con mucha voluntad y muy disciplinado. Su dieta es para él algo normal.
- En el colegio, ¿no ha habido problemas?
- No. Siempre han comprendido la situación. Ayudaba el hecho de que comiera en casa. Pero cuando ha salido fuera, siempre han colaborado en los cuidados necesarios. Y, cuando había 'chuches' de cumpleaños, muchas madres me llamaban para informarse y él recibía golosinas especiales.
- Los restaurantes, ¿se van concienciando acerca de la enfermedad celíaca?
- Creo que sí. Suelen ofertar platos a la plancha, sin harinas o rebozos y, siempre, con utensilios o procesos culinarios sin contaminar.
- ¿Qué pediría a la sociedad para la comprensión del problema?
- Estaría bien una subvención para los productos o las familias, con el fin de que la alimentación no resulte tan cara. Esto ya se hace en otras comunidades. Y es bueno que la gente conozca cada vez más el problema, para que la comprensión sea mayor.





