Murillo se lo temía, y por eso dejó en el interior de la 'pecera' blindada a 24 de los condenados que están en prisión, y colocó a los doce condenados restantes, a los procesados en libertad provisional y a los cinco imputados que iban a ser absueltos en las primeras bancadas de la sala. Sus asientos estaban controlados y rodeados por más de una docena de policías de uniforme y por otra docena de agentes de paisano, sentados detrás, a los lados y entre el público, cuyas bancadas también fueron divididas: a la izquierda los periodistas y los familiares de los procesados, y a la derecha miembros de asociaciones de víctimas del terrorismo.
El incidente se produjo poco después de las once y media de la mañana. Cuando la presidenta se ajustaba las gafas para poder empezar a leer su resumen, Teresa Toda, condenada a 10 años por colaboración con ETA y ex subdirectora de Egin, hizo una señal a los del interior de la 'pecera', se puso en pie y empezó a decir: «No aceptamos esta sentencia... «.
Murillo, alterada, contestó: «¿Cállate, callate!». Toda continuó su discurso - «esto es un juicio político»- mientras los 24 integrantes de la 'pecera'se ponían en pie, algunos subidos en los bancos, y puño en alto comenzaban a cantar el Eusko gudariak, al tiempo que daban golpes y patadas a la cristalera. Los demás procesados les imitaron mientras sus familias, desde detrás, les aplaudían.
«¿Fuera, fuera!», fue la única reacción de la presidenta del tribunal. Veinte policías, apoyados por media docena de antidisturbios que entraron la sala, sacaron, en algunos casos a empellones, a los procesados, a los situados en la 'pecera' y a sus familiares, que gritaban en euskera «Gora Euskal Herria askatuta» y «aupa chavales», entre otras cosas. En la sala sólo quedaron el tribunal, los letrados, los periodistas, las asociaciones de víctimas, y unos nueve procesados, entre ellos los cinco absueltos, que no se levantaron de los asientos ni participaron en la algarada.
Actitud «rupturista»
El tribunal esperaba los incidentes y había reflejado en la sentencia la actitud «rupturista» de los procesados y de sus abogados durante los 16 meses del proceso, pues, en su opinión, «en todas las sesiones intentaron paralizar este juicio para siempre». Los magistrados señalan que en el juicio se vivieron «situaciones esperpénticas» y destacan como ejemplo máximo la comparecencia de varios miembros de ETA con «severas condenas por execrables acciones terroristas».
El fallo recuerda que, pese a que los procesados siempre se desvincularon de ETA y negaron conocer a sus miembros, esos etarras les tildaron de «auténticos héroes» y se comportaron como auténticos «fans» suyos, mientras los procesados les contestaban con «vítores, aplausos, efusivos saludos y algún otro beso con destino a los individuos terroristas».






