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TAV: El no... por el sí
13.12.07 -
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Somos muchos los que no compartimos el macroproyecto del TAV y no precisamente por estar instalados en ese «no» permanente al que hace alusión la señora Bald en su carta. Al contrario, lo hacemos basados en argumentos tan técnicos como el de la absoluta incompatibilidad de la Alta Velocidad (más de 220 km/h) con el transporte de mercancías pesadas. Otra cosa es circular a menos velocidad y hacer así compatibles ambas cosas, pero eso ya no sería un TAV, ¿verdad? Entonces, ¿para qué se está desarrollando una infraestructura carísima y altamente impactante de tipo TAV? Para un tren de Velocidad Alta (que no de Alta Velocidad), cuya velocidad esté comprendida en una gama entre 180 y 220 km/h., no serían necesarios radios tan amplios de curvas, ni un trazado tan recto, ni la casi total eliminación de pendientes del proyecto actual. Ello supone una agresión al medio ambiente inútil e innecesaria. Hay otra parte del proyecto que también nos preocupa a los del «no» y es la escasa utilidad cotidiana que va a suponer a la inmensa mayoría de los usuarios que a diario atascamos las carreteras vascas. No en balde los desplazamientos del 92% de los usuarios los son entre localidades distantes entre 5 y 30 km, que el TAV no va a cubrir por razones obvias. Respecto a una parte importante de ese menor porcentaje que sí se desplaza entre capitales vascas (estudiantes, fundamentalmente), me temo que el precio del billete les va a parecer disuasorio y seguirán viajando en autobús. Mientras tanto, políticos y directivos viajarán gratis. El TAV es un juguete caro. Un lujo asiático para una comunidad pequeña y con un territorio demasiado maltratado por mil y una heridas medioambientales. ¿A qué se debe pues el empecinamiento de algunos en su construcción?: negocio, puro negocio. Muchos de nosotros proponemos a cambio un Tren Social, mejor y más rápido, que sustituya al obsoleto actual de Renfe y ¿que pare entre localidades!, para que podamos desprendernos del coche. Sin embargo, mucho nos tememos que el tremendo gasto de este proyecto faraónico de TAV supondrá un mayor abandono, si cabe, del modelo de tren de cercanías moderno y eficiente que defendemos. Ahí está el desolador ejemplo de Barcelona, sin ir más lejos.
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