CONTRAPORTADA
El reportero del 2 de mayo
El escritor y académico Arturo Pérez-Reverte desmitifica la sublevación del 2 de mayo de 1808 en su último libro, 'Un día de cólera'
11.12.07 -

Arturo Pérez-Reverte dice que Un día de cólera tiene un 75% de historia y un 25% de ficcción. [EFE]
Contar sin juzgar». Más que nunca, esta ha sido la pretensión de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) que vuelve a fajarse con la historia en su último libro. En Un día de cólera (Alfaguara) el narrador y académico recupera al reportero que fue para echarse a la calle en el convulso Madrid del 2 dos de mayo de 1808. «Es como si hubiera tenido una cámara de vídeo y hubiera salido a la calle a grabar un Mi cámara y yo con lo que estaba pasando», dice un Pérez-Reverte aséptico que sabe que «es un error juzgar el pasado con ojos del presente» y que aquella histórica jornada «fue manipulada hasta la saciedad por la historia oficial». Ha conjugado reportaje, novela e historia en una narración trepidante en la que da cuenta de los hechos a través de 350 personaje reales, «con nombre y apellido» y en tiempo real: de las ocho de la mañana a las cuatro de la madrugada «de una jornada admirable y terrible que cambió la historia sin proponérselo» y que nos cuenta en 400 vertiginosas páginas.
«Es un falso reportaje», advierte el creador de Alatriste que pasó dos años manejando libros, legajos y memoriales con información de primera mano y muy precisa. «Quizá un 75% es historia y un 25% ficción en un libro complejo, con algo de diario colectivo y documental al estilo de El año de la peste de Daniel Defoe», explica el internacional escritor.
«Necesitaba el tratamiento frío y distante para un texto que no es didáctico pero sí tiene intención didáctica», dice. Y es que Pérez-Reverte quiere reinterpretar un episodio crucial de nuestra historia «que no ha dejado de manipulare desde el mismo día de los hechos. Lo manipuló Fernando VII, el absolutismo, los carlistas, la restauración la segunda República, pero sobre todo el franquismo, que le confirió un tono épico, imperial, mítico y patriotero que no tuvo».
Especialmente patético fue el tratamiento del 2 de mayo del cine franquista.»Era para retrasados mentales, maniqueo, estúpido y elemental. Estaría bien revertirlo y tratar con objetividad episodios dignos, nobles y heroicos como el de Agustina de Aragón o el parque de Monteleón, que de haberse dado en Estado Unidos o Gran Bretaña, sería como nuestro Álamo».
Rechazo histórico
Ese tratamiento «genera un rechazo histórico. El franquismo contaminó esos hechos a través de la historia y el cine oficiales, haciéndolos inasumibles para gente lúcida, normal o de izquierdas, cuando es un fecha asumible sin problemas para la izquierda y la derecha», propone el escritor. Pérez-Reverte sabe que le acusarán «de patriotero por acercarme a una fecha como esta, cuando de patrioteril no tiene nada de nada ni la sublevación ni el libro».
«No fue la sublevación patriótica y heroica que nos vendieron. Fueron cuatro mataos los que se echan a la calle. Los chulos, putas, rufianes, tenderos, albañiles, criados, mozos de cuadra, o taberneros...la gente baja, la chusma sin ninguna vinculación con las elites fue la que se enfrentó al ejército mas poderoso del mundo con navajas, palos, hachas, martillo y hoces» advierte Pérez -Revete.
«Sólo se alzó un aristócrata y dos capitanes, Daoiz y Velarde. Los alzados, y eso es lo admirable, fueron los marginales de un pueblo cabreado por los abusos, violaciones, robos, expolios y humillaciones a que les sometían los franceses».
«Es un falso reportaje», advierte el creador de Alatriste que pasó dos años manejando libros, legajos y memoriales con información de primera mano y muy precisa. «Quizá un 75% es historia y un 25% ficción en un libro complejo, con algo de diario colectivo y documental al estilo de El año de la peste de Daniel Defoe», explica el internacional escritor.
«Necesitaba el tratamiento frío y distante para un texto que no es didáctico pero sí tiene intención didáctica», dice. Y es que Pérez-Reverte quiere reinterpretar un episodio crucial de nuestra historia «que no ha dejado de manipulare desde el mismo día de los hechos. Lo manipuló Fernando VII, el absolutismo, los carlistas, la restauración la segunda República, pero sobre todo el franquismo, que le confirió un tono épico, imperial, mítico y patriotero que no tuvo».
Especialmente patético fue el tratamiento del 2 de mayo del cine franquista.»Era para retrasados mentales, maniqueo, estúpido y elemental. Estaría bien revertirlo y tratar con objetividad episodios dignos, nobles y heroicos como el de Agustina de Aragón o el parque de Monteleón, que de haberse dado en Estado Unidos o Gran Bretaña, sería como nuestro Álamo».
Rechazo histórico
Ese tratamiento «genera un rechazo histórico. El franquismo contaminó esos hechos a través de la historia y el cine oficiales, haciéndolos inasumibles para gente lúcida, normal o de izquierdas, cuando es un fecha asumible sin problemas para la izquierda y la derecha», propone el escritor. Pérez-Reverte sabe que le acusarán «de patriotero por acercarme a una fecha como esta, cuando de patrioteril no tiene nada de nada ni la sublevación ni el libro».
«No fue la sublevación patriótica y heroica que nos vendieron. Fueron cuatro mataos los que se echan a la calle. Los chulos, putas, rufianes, tenderos, albañiles, criados, mozos de cuadra, o taberneros...la gente baja, la chusma sin ninguna vinculación con las elites fue la que se enfrentó al ejército mas poderoso del mundo con navajas, palos, hachas, martillo y hoces» advierte Pérez -Revete.
«Sólo se alzó un aristócrata y dos capitanes, Daoiz y Velarde. Los alzados, y eso es lo admirable, fueron los marginales de un pueblo cabreado por los abusos, violaciones, robos, expolios y humillaciones a que les sometían los franceses».





