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RSS | ed. impresa | Regístrate | 3 diciembre 2008

Bidasoa

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BUZÓN
Automotriz silencioso
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Era uno de los que componían el parque de Ferrocarril del Bidasoa. Había varios de ellos en la línea. Era como un símbolo en la historia de este ferrocarril bidasotarra.

De estructura airosa y muy avanzada para la década de los años treinta, bastante veloz con sus cincuenta kilómetros de entonces y, sobre todo, muy silencioso. Daba la impresión de que temía vulnerar el silencio que imperaba en su recorrido y que se hermanaba con la placidez del río, que corría a escasos metros de sus raíles, a menos que el Bidasoa se enfureciese súbitamente, lo que ocurría en ocasiones.

De estos automotrices, de locomotoras, de estaciones, de minas irunesas muy incardinadas en el origen de este ferrocarril, de talleres en los que era atendido, de las vicisitudes de su explotación, de sus influencias sociales y económicas de la comarca bidasotarra, de la tenacidad de sus fundadores, de sus peripecias económicas pocas veces boyantes y casi siempre lúgubres, y de su ocaso hasta su desaparición en 1959, nos habla la publicación, obra de Ricardo Berodia Gordejuela.

Se ve que el autor está muy encariñado con este ferrocarril. De otro modo, sería tarea casi imposible reunir la cantidad de datos que figuran en sus páginas. Y tiene el acierto de exponerlos en forma sintetizada, pero sin recurrir al estilo telegráfico que iría en perjuicio de la amenidad y ésta alienta a lo largo de toda la obra.

Su título es El ferrocarril del Bidasoa (1916-1956), está escrita en los dos idiomas. Al leerla, pasa ante los ojos del lector parte de la historia de Irun durante los cuarenta años de la existencia del tren bidasotarra. Con él, desapareció uno de los automotrices casi silenciosos que circulaba a orillas del río y como homenaje sentimental a nuestra ciudad, en las chapas exteriores de la carbonera de una de sus locomotoras podía verse su nombre, escrito en relieve: se llamaba Ville d'Irun.

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