meteorología
El temporal de mar ocasiona numerosos desperfectos en San Sebastián, Zarautz e Irun
Los Bomberos y Guardia Municipal efectuaron alrededor de 150 salidas para atender emergencias en las localidades costeras, mientras que en el interior de Gipuzkoa la incidencia resultó mínima
Algunos ciudadanos se asomaron por el Paseo Nuevo, pese a que estaba cerrado por razones de seguridad. [ARIZMENDI]
DATOS
SAN SEBASTIÁN. DV. El temporal de viento y una mar muy gruesa ocasionaron ayer importantes daños en el puerto de Bermeo, y de menor cuantía en algunos establecimientos de Zarautz y San Sebastián e Irun, donde los cuerpos de bomberos y guardia municipal no dieron abasto, con constantes salidas para sofocar todo tipo de incidencias: balsas de agua, contenedores y macetas sobre la calzada, caídas de cristales, algún peatón apurado...
La lluvia, el granizo racheado y la ventisca, con velocidades máximas en San Sebastián de 90 km/h, perfilaron una jornada extraordinariamente desapacible: amaneció con tintes dantescos -no faltaron rayos y truenos- y tuvo una significativa repercusión en el tráfico y mobiliario urbanos, en tanto que según se adentraba en el territorio el viento de noroeste se fue difuminando. Fue una tempestad de costa, barrida por un incesante viento de noroeste.
Margarita Martín, directora del Centro Meteorológico del País Vasco, explicó la adversa jornada por «la entrada de un chorro polar que provocó que a 5.000 metros de altura hubiera -29º, mientras que a 1.000 metros estábamos a -2º. Esa diferencia brutal -acrecentada por los 10º en tierra- originó nubes verticales muy altas, de manera que cuando subían se formaba hielo y cuando bajaban se fragmentaba en granizo». Y el hielo subió y bajó mucho durante todo el día porque las impetuosas granizadas ensordecieron las calles y a los conductores, que se veían compelidos a circular al ralentí sobre calzadas que se blanqueaban un santiamén.
Ola de 11,6 frente a Bilbao
El majestuoso oleaje que zarandeó el frente costero durante las últimas 48 horas tuvo su efecto más cruento en el puerto de Bermeo, donde la marea se llevó por delante el tramo final del dique en una longitud aproximada de 70 metros, según informó el Departamento de Transportes y Obras Públicas.
Una mar muy gruesa y rizada proporcionó olas de gran envergadura, de hasta 11,60 metros frente al puerto de Bilbao -en alta mar equivale a 18 metros (un edificio de seis pisos)-.
En San Sebastián, la Guardia Municipal y Bomberos efectuaron más de un centenar de salidas desde el domingo por la noche hasta ayer a media mañana, período durante el que arreció el viento y proliferaron las roturas de cristales, la caída de macetas y tejas, las balsas de agua...
A primera hora el viento tumbó varios semáforos y desarboló el sistema del control del tráfico de la ciudad, con el consiguiente colapso en las arterías principales. Dado el cariz del tiempo, los conductores impacientes apenas recurrieron al bocinazo e incluso pareció haber cierta unanimidad para no invadir, como es frecuente en otras circunstancias, los carriles-bus.
Para entonces la marea que obligó a cerrar el Paseo Nuevo -con daños aún sin cuantificar por la peligrosidad de acceder a la zona- ya había causado también desperfectos en una vivienda particular situada al final de la calle San Juan, y la rotura de un tramo de barandilla en el puente de María Cristina, así como en el centro de talasoterapia de La Perla, donde la marea rompió su cristalera panorámica.
El mar también se adentró en el paseo marítimo de Zarautz, con graves consecuencias para el bar Náutico y para el SpaGym que se iba a inaugurar el 2 de enero. En dirección a Getaria, la carretera permaneció cortada hasta que los servicios forales de mantenimiento pudieron retirar un gran volumen de piedras, guijarros y residuos que la marea proyectó sobre la calzada. Además 150 metros de barandilla del paseo fueron arrancados de cuajo.
Los guardias municipales también trabajaron a destajo en Irun, con una treintena de salidas, la mayoría relacionadas con la caída de árboles y ramas, el vuelco de vallas, el desprendimiento de tejas y el desplazamiento de contenedores.
La lluvia, el granizo racheado y la ventisca, con velocidades máximas en San Sebastián de 90 km/h, perfilaron una jornada extraordinariamente desapacible: amaneció con tintes dantescos -no faltaron rayos y truenos- y tuvo una significativa repercusión en el tráfico y mobiliario urbanos, en tanto que según se adentraba en el territorio el viento de noroeste se fue difuminando. Fue una tempestad de costa, barrida por un incesante viento de noroeste.
Margarita Martín, directora del Centro Meteorológico del País Vasco, explicó la adversa jornada por «la entrada de un chorro polar que provocó que a 5.000 metros de altura hubiera -29º, mientras que a 1.000 metros estábamos a -2º. Esa diferencia brutal -acrecentada por los 10º en tierra- originó nubes verticales muy altas, de manera que cuando subían se formaba hielo y cuando bajaban se fragmentaba en granizo». Y el hielo subió y bajó mucho durante todo el día porque las impetuosas granizadas ensordecieron las calles y a los conductores, que se veían compelidos a circular al ralentí sobre calzadas que se blanqueaban un santiamén.
Ola de 11,6 frente a Bilbao
El majestuoso oleaje que zarandeó el frente costero durante las últimas 48 horas tuvo su efecto más cruento en el puerto de Bermeo, donde la marea se llevó por delante el tramo final del dique en una longitud aproximada de 70 metros, según informó el Departamento de Transportes y Obras Públicas.
Una mar muy gruesa y rizada proporcionó olas de gran envergadura, de hasta 11,60 metros frente al puerto de Bilbao -en alta mar equivale a 18 metros (un edificio de seis pisos)-.
En San Sebastián, la Guardia Municipal y Bomberos efectuaron más de un centenar de salidas desde el domingo por la noche hasta ayer a media mañana, período durante el que arreció el viento y proliferaron las roturas de cristales, la caída de macetas y tejas, las balsas de agua...
A primera hora el viento tumbó varios semáforos y desarboló el sistema del control del tráfico de la ciudad, con el consiguiente colapso en las arterías principales. Dado el cariz del tiempo, los conductores impacientes apenas recurrieron al bocinazo e incluso pareció haber cierta unanimidad para no invadir, como es frecuente en otras circunstancias, los carriles-bus.
Para entonces la marea que obligó a cerrar el Paseo Nuevo -con daños aún sin cuantificar por la peligrosidad de acceder a la zona- ya había causado también desperfectos en una vivienda particular situada al final de la calle San Juan, y la rotura de un tramo de barandilla en el puente de María Cristina, así como en el centro de talasoterapia de La Perla, donde la marea rompió su cristalera panorámica.
El mar también se adentró en el paseo marítimo de Zarautz, con graves consecuencias para el bar Náutico y para el SpaGym que se iba a inaugurar el 2 de enero. En dirección a Getaria, la carretera permaneció cortada hasta que los servicios forales de mantenimiento pudieron retirar un gran volumen de piedras, guijarros y residuos que la marea proyectó sobre la calzada. Además 150 metros de barandilla del paseo fueron arrancados de cuajo.
Los guardias municipales también trabajaron a destajo en Irun, con una treintena de salidas, la mayoría relacionadas con la caída de árboles y ramas, el vuelco de vallas, el desprendimiento de tejas y el desplazamiento de contenedores.







