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Esperanzadora y refrescante considero la convocatoria para el día de la Constitución realizada por el nuevo partido político, Unión, Progreso y Democracia, en Madrid, bajo el lema «Corte los hilos. Por la independencia de la justicia». El gráfico que anuncia el evento (no se lo pierdan), explicita casi más que el propio manifiesto, la reivindicación que se asume: que los jueces no sean manejados al antojo de los dos grandes partidos españoles. En definitiva, UPyD viene a exigir una verdadera separación de poderes que garantice que los jueces que un día puedan juzgarnos no trabajen para el gobierno de turno ni sean delegados de los partidos políticos. De ninguno de ellos. Se trata de eliminar las intromisiones de los partidos en el poder judicial y la constante manipulación de la fiscalía del Estado en beneficio del partido gobernante. El objetivo parece loable. Las recientes maniobras recusatorias de aquellos jueces más o menos alejados o cercanos a las posiciones de cada cual, además de indignante para la ciudadanía de a pie que termina alejándose del contubernio político, suponen el absoluto deterioro de las instituciones democráticas y su menguante credibilidad. Ciertamente, la igualdad ante la ley es un principio de vigencia muy discutible en nuestro país, y esto es así gracias a los viejos e insaciables partidos poco dados a cambios que perjudiquen sus intereses.

Podrían haber propuesto modificaciones y mejoras, pero ninguno ha querido hacerlo nunca. Y eso que la autonomía de la justicia y la separación de poderes no son reclamaciones de derecha o de izquierda, sino principios generales que comparten los partidarios del verdadero progreso, huérfano hoy día mientras se multiplican la demagogia y las poses electoralistas. Parece evidente que estos objetivos exigen una reforma desacomplejada de la Constitución que logre reforzar la autonomía de jueces y tribunales y garantice la independencia de la justicia, restaurando las previsiones originales de la Carta Magna que encomendaban a los jueces la elección de sus representantes. Parece urgente restaurar los principios pervertidos por malos desarrollos legislativos, como el que alteró la elección del Consejo General del Poder Judicial, dando a los partidos representados en las Cortes la potestad de nombrar a los magistrados. Un bochorno que se debe y se puede cambiar.
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