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RSS | ed. impresa | Regístrate | 7 septiembre 2008

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ARRASATE-MONDRAGON ESPECIES INVASORAS
En lucha contra el invasor
Un equipo de tres operarios dirigidos por el ingeniero Peio Garai fumiga las plantas invasoras con un herbicida
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En lucha contra el invasor
Melania y Kepa fumigan con herbicida, siguiendo las directrices de Garai, el matorral de plumero frente Bedoña.
ARRASATE. DV. La lucha contra las denominadas especies invasoras, tanto animales como vegetales, se está recrudeciendo a medida que crece la concienciación ciudadana en materia de conservación medioambiental. Desde mejillones cebra a tortugas de Florida, pasando por las plantas exóticas largamente arraigadas entre nosotros como la Cortaderia selloana (plumero o hierba de las Pampas), constituyen amenazas directas y graves a la biodiversidad autóctona. Y la lucha por la erradicación de las especies invasoras se anuncia larga y costosa.

Un alarmante ejemplo lo constituye la reserva de la biosfera de de Urdaibai, en cuyo estuario el impacto ocasionado por las especies invasoras es calificado de «muy grave». La erradicación de varias especies vegetales exóticas, entre ellas el ubicua «plumero», así como del cangrejo rojo, la tortuga de Florida y el visón americano, se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza.

Lamentablemente, Arrasate no cuenta con ninguna reserva de la biosfera en su término municipal, pero sus espacios naturales tampoco están libres de estos invasores, por lo menos de los vegetales.

Peio Garai, ingeniero agrícola del ayuntamiento, dirige a un equipo formado por tres operarios -Kepa, Melania y Valentín- dedicado a combatir al invasor. Su principal enemigo es hoy por hoy la funesta Cortaderia selloana o plumero, cuya erradicación física están llevando a cabo por medio del empleo de herbicidas. Pero también tiene en el punto de mira de sus fumigadoras a la Reynoutria japonica, que crece en los márgenes fluviales, y a la Buddleja davidii, también conocida como falsa wisteria.

Mientras la Sociedad de Ciencias Aranzadi recaba información ayuntamiento por ayuntamiento para elaborar un censo de humedales susceptibles de convertirse en el hábitat del temible galápago de Florida, el consistorio arrasatearra centra desde hace semanas su lucha en el frente vegetal. Y ha pedido a los baserritarras de la localidad que hagan lo propio, pese a la reticencia de algún que otro inconsciente que se escuda en la belleza de estas funestas plantas para conservarlas.

Peio Garai no se anda con remilgos a la hora de acabar con la dichos plumero. Echa mano del herbicida menos malo: un principio activo denominado glifosato. Un producto que «no tiene catalogación toxicológica y que de hecho es menos nocivo que la lejía». Pero como todo biocida, su manipulación ha de realizarse con todas las precauciones para evitar el contacto directo: prendas de manga larga, guantes y gafas protectoras.

El pasado miércoles por la mañana, Kepa y Melania, dirigidos con Garai, fumigaron parte del frondoso matorral de Cortaderia selloana que crece junto a la carretera a la altura de la iglesia de Santa Eulalia.

Esta planta ostenta el dudoso honor de ocupar la séptima plaza del lista de las 20 especies exóticas invasoras más dañinas presentes en España, según la relación elaborada por el Grupo Especialista en Invasiones Biológicas (GEIB).

Su prolífica capacidad reproductora -100.000 semillas por penacho- la han convertido en una verdadera plaga, especialmente por la zona de Bilbao y Cantabria. Prospera aprovechando grandes movimientos de tierras, como los actualmente se desarrollan con la construcción de la autopista. Estas grandes infraestructuras son campo abonado para la expansión de esta planta de origen suramericano que originalmente fue introducida por los ingenieros del siglo XIX para evitar corrimientos. Afortunadamente, la planta del plumero aún no se ha extendido demasiado por Arrasate. Pero aun así, el ingeniero Garai advierte que no hay tiempo que perder en la tarea de erradicar esta planta «tapizante, esto es, que mata toda la vegetación en derredor».

Para ello le aplican el herbicida en otoño, «en movimiento de savia descendente, para que el herbicida viaje hasta las raíces y mate la planta». Porque con cortar la planta «no hacemos nada, porque se regenera».

La aplicación del herbicida, explicaba Garai, debe hacerse con buen tiempo y sin viento. «Si llueve o si el rocío cubre la planta, el herbicida se diluye y su efecto se atenúa. Y si se hace en condiciones de viento, existe el riesgo de el producto afecte a otras plantas». De manera que no todos los días son apropiados para llevar a cabo la guerra química contra las plantas invasoras, una tarea en la que aún queda mucho trabajo para Kepa, Melania y Valentín.

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