AlDia
Instinto paternal
Los padres que se acogen al permiso de maternidad para cuidar a sus hijos son todavía una minoría. En Euskadi y en Navarra, no obstante, es donde más licencias se solicitan

Un padre lee un cuento a su hijo. Cada vez son más los progenitores masculinos que asumen roles hasta ahora atribuidos en exclusiva a las mujeres. [LOBO ALTUNA]
SAN SEBASTIÁN. DV. El cuidado de los niños sigue siendo asunto de las madres. Pese al pretendido avance hacia la igualdad de géneros, de vez en cuando surgen estadísticas que ponen un envoltorio científico a realidades bastante visibles: los padres siguen sin ocuparse demasiado de sus retoños durante sus primeros meses de vida. Al menos, lo hacen en mucha menor medida que las madres.
Es el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales el que aporta cifras para ilustrar esta situación. Durante los primeros nueve meses de este año sólo 447 vascos solicitaron el permiso de maternidad para cuidar de sus pequeños tras el nacimiento, lo que representa un pírrico 3,6% del total. Del lado femenino, 11.928 mujeres hicieron lo propio.
Para quienes quieran ver el vaso de la igualdad medio lleno también hay motivos para sentir una moderada satisfacción si se acude al análisis comparativo: en el resto de España el porcentaje de hombres implicados a tiempo completo en el cuidado de sus hijos es aún más bajo. Frente al 3,6% de prestaciones por maternidad percibidas por hombres en el País Vasco, la media nacional se queda en un raquítico 1,6%. De hecho, sólo los navarros superan a los vascos, con un 4,28%.
Aunque con ligeras oscilaciones, las cifras en el País Vasco se mantienen más o menos estables desde que en noviembre de 1999 entrara en vigor la Ley de Conciliación de la Vida Familiar y Laboral. En ella se recoge que las madres pueden disfrutar de 16 semanas de descanso maternal, de las cuales las seis primeras, las inmediatamente posteriores al parto, son de carácter obligatorio para ellas debido a las evidentes secuelas físicas. Las diez restantes pueden disfrutarlas o, según para quién, sufrirlas, tanto el hombre como la mujer. Para que lo haga el hombre la madre debe renunciar a ellas expresamente.
Roles tradicionales
Pero esta opción no parece contar con demasiada aceptación entre el público masculino. ¿Por qué? Izaskun Moyua, directora de Emakunde, culpa a «la carga cultural que llevan los hombres de cara a no responsabilizarse de diferentes tareas que durante mucho tiempo han sido responsabilidad exclusiva de las mujeres. Es lógico que las cifras de hombres que optan por pedir permisos de paternidad sean aún muy inferiores al de las mujeres teniendo en cuenta la manera en la que han sido socializados y los roles que están acostumbrados a protagonizar». Aún así, Moyua es optimista porque percibe que «los hombres van tomando cada vez más conciencia de sus responsabilidades en el terreno del cuidado». Quienes así lo hacen «son muy necesarios como modelos y referentes» para otros varones.
La asunción de diferentes roles no sólo afecta al ámbito doméstico, también al laboral. Y es aquí donde surge otra explicación para el escaso número de padres que se acoge al permiso. Según Felisa Piedra, responsable del Área de Mujer del sindicato Comisiones Obreras (CC OO) en Euskadi, en el mundo de la empresa «hay sectores muy masculinizados donde se considera que ocuparse de los hijos es cosa de mujeres». En esos ámbitos, y aún siendo un derecho reconocido por ley, «muchos hombres no se atreven a pedir el permiso por miedo al 'qué dirán' o a represalias de la empresa».
Por eso, apunta Piedra, el sector donde más hombres optan por hacerse cargo de sus bebés es el público. Una vez más, los trabajadores de la Administración se perfilan como los privilegiados que «no tienen ningún tipo de problema» para disfrutar de sus derechos.
Para atajar esto, la responsable de CC OO cree que sería conveniente una legislación más igualitaria. Y se explica: «Ahora, el derecho lo genera la madre y es ella la que se lo cede al padre». Frente a eso, Piedra considera que tanto uno como otro debería ser acreedor de un derecho propio e intransferible. Aunque desde el pasado mes de marzo se le reconocen al hombre quince días por permiso de paternidad, ese tiempo «es insuficiente para ejercer como padre». La posibilidad de que tanto hombre como mujer pudiesen acogerse a un generoso permiso de maternidad también acabaría con los recelos de algunos empresarios que «prefieren no contratar mujeres por miedo a las bajas por maternidad».
En cuanto al por qué el porcentaje de implicación masculina es superior en el País Vasco que en el resto de España, se puede acudir a varias explicaciones, desde la mayor presencia del sector servicios e industrial en Euskadi frente a otros sectores más tradicionales en otras comunidades, hasta la mayor concienciación entre los vascos. Sin embargo, desde CC OO consideran que, con unos números tan escasos «no se pueden sacar conclusiones. Al fin y al cabo, la diferencia no es tan grande, así que no quiere decir gran cosa».
La lactancia
Hay un aspecto que está más allá de políticas de igualdad o buenas intenciones, y es la cuestión biológica. Por más que una pareja quiera compartir el cuidado de su bebé en sus primeros meses de vida, si opta por la lactancia natural no hay norma que pueda rebajar la implicación materna. El colectivo Haurdun apuesta por la «lactancia a demanda y en exclusiva durante los seis primeros meses», explica su portavoz, Eva Sanz. Por eso, en coordinación con varios grupos a nivel nacional, este mismo mes entregaron miles de firmas en el Congreso de los Diputados para que el permiso por maternidad se amplíe hasta el medio año.
Como contra la naturaleza no se puede luchar, esta postura puede llegar a hipotecar la vida laboral de la mujer. «Hemos recibido críticas de sectores ultrafeministas, pero cada cual debe tomar la decisión que mejor le parece. Yo trato de hacer lo que es mejor para mi hija», mantiene Sanz. De hecho, en Haurdun, muchas mujeres optan incluso por solicitar una excedencia para dedicarse a sus hijos durante más tiempo del contemplado en la ley.
Y vuelve a aparecer aquí la importante relación de los sexos con el mundo laboral, y por tanto con el dinero, para aportar una explicación más al reducido compromiso masculino con los recién nacidos. Según el sociólogo Jacobo Blanco «la retribución de las mujeres es, por lo general, menor, e incluso su carrera profesional es menos valorada». Así que, «cuando se gana menos, es más fácil sacrificar el trabajo». De hecho, Blanco asegura que cuando el sueldo de ella es mayor el porcentaje de hombres que se dedica a los niños aumenta.
Sin embargo, lo habitual es lo contrario, recalca Rosa de la Fuente, responsable de la Asociación Vasca de la Familia. Y añade un motivo más para que sea la madre quien se acoja a la baja maternal: «Si una tiene que pasar el embarazo, luego el parto y luego el primer mes y medio, que es el más duro, sólo falta que cuando llega el momento de descansar sea el hombre el que lo disfrute».
Es el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales el que aporta cifras para ilustrar esta situación. Durante los primeros nueve meses de este año sólo 447 vascos solicitaron el permiso de maternidad para cuidar de sus pequeños tras el nacimiento, lo que representa un pírrico 3,6% del total. Del lado femenino, 11.928 mujeres hicieron lo propio.
Para quienes quieran ver el vaso de la igualdad medio lleno también hay motivos para sentir una moderada satisfacción si se acude al análisis comparativo: en el resto de España el porcentaje de hombres implicados a tiempo completo en el cuidado de sus hijos es aún más bajo. Frente al 3,6% de prestaciones por maternidad percibidas por hombres en el País Vasco, la media nacional se queda en un raquítico 1,6%. De hecho, sólo los navarros superan a los vascos, con un 4,28%.
Aunque con ligeras oscilaciones, las cifras en el País Vasco se mantienen más o menos estables desde que en noviembre de 1999 entrara en vigor la Ley de Conciliación de la Vida Familiar y Laboral. En ella se recoge que las madres pueden disfrutar de 16 semanas de descanso maternal, de las cuales las seis primeras, las inmediatamente posteriores al parto, son de carácter obligatorio para ellas debido a las evidentes secuelas físicas. Las diez restantes pueden disfrutarlas o, según para quién, sufrirlas, tanto el hombre como la mujer. Para que lo haga el hombre la madre debe renunciar a ellas expresamente.
Roles tradicionales
Pero esta opción no parece contar con demasiada aceptación entre el público masculino. ¿Por qué? Izaskun Moyua, directora de Emakunde, culpa a «la carga cultural que llevan los hombres de cara a no responsabilizarse de diferentes tareas que durante mucho tiempo han sido responsabilidad exclusiva de las mujeres. Es lógico que las cifras de hombres que optan por pedir permisos de paternidad sean aún muy inferiores al de las mujeres teniendo en cuenta la manera en la que han sido socializados y los roles que están acostumbrados a protagonizar». Aún así, Moyua es optimista porque percibe que «los hombres van tomando cada vez más conciencia de sus responsabilidades en el terreno del cuidado». Quienes así lo hacen «son muy necesarios como modelos y referentes» para otros varones.
La asunción de diferentes roles no sólo afecta al ámbito doméstico, también al laboral. Y es aquí donde surge otra explicación para el escaso número de padres que se acoge al permiso. Según Felisa Piedra, responsable del Área de Mujer del sindicato Comisiones Obreras (CC OO) en Euskadi, en el mundo de la empresa «hay sectores muy masculinizados donde se considera que ocuparse de los hijos es cosa de mujeres». En esos ámbitos, y aún siendo un derecho reconocido por ley, «muchos hombres no se atreven a pedir el permiso por miedo al 'qué dirán' o a represalias de la empresa».
Por eso, apunta Piedra, el sector donde más hombres optan por hacerse cargo de sus bebés es el público. Una vez más, los trabajadores de la Administración se perfilan como los privilegiados que «no tienen ningún tipo de problema» para disfrutar de sus derechos.
Para atajar esto, la responsable de CC OO cree que sería conveniente una legislación más igualitaria. Y se explica: «Ahora, el derecho lo genera la madre y es ella la que se lo cede al padre». Frente a eso, Piedra considera que tanto uno como otro debería ser acreedor de un derecho propio e intransferible. Aunque desde el pasado mes de marzo se le reconocen al hombre quince días por permiso de paternidad, ese tiempo «es insuficiente para ejercer como padre». La posibilidad de que tanto hombre como mujer pudiesen acogerse a un generoso permiso de maternidad también acabaría con los recelos de algunos empresarios que «prefieren no contratar mujeres por miedo a las bajas por maternidad».
En cuanto al por qué el porcentaje de implicación masculina es superior en el País Vasco que en el resto de España, se puede acudir a varias explicaciones, desde la mayor presencia del sector servicios e industrial en Euskadi frente a otros sectores más tradicionales en otras comunidades, hasta la mayor concienciación entre los vascos. Sin embargo, desde CC OO consideran que, con unos números tan escasos «no se pueden sacar conclusiones. Al fin y al cabo, la diferencia no es tan grande, así que no quiere decir gran cosa».
La lactancia
Hay un aspecto que está más allá de políticas de igualdad o buenas intenciones, y es la cuestión biológica. Por más que una pareja quiera compartir el cuidado de su bebé en sus primeros meses de vida, si opta por la lactancia natural no hay norma que pueda rebajar la implicación materna. El colectivo Haurdun apuesta por la «lactancia a demanda y en exclusiva durante los seis primeros meses», explica su portavoz, Eva Sanz. Por eso, en coordinación con varios grupos a nivel nacional, este mismo mes entregaron miles de firmas en el Congreso de los Diputados para que el permiso por maternidad se amplíe hasta el medio año.
Como contra la naturaleza no se puede luchar, esta postura puede llegar a hipotecar la vida laboral de la mujer. «Hemos recibido críticas de sectores ultrafeministas, pero cada cual debe tomar la decisión que mejor le parece. Yo trato de hacer lo que es mejor para mi hija», mantiene Sanz. De hecho, en Haurdun, muchas mujeres optan incluso por solicitar una excedencia para dedicarse a sus hijos durante más tiempo del contemplado en la ley.
Y vuelve a aparecer aquí la importante relación de los sexos con el mundo laboral, y por tanto con el dinero, para aportar una explicación más al reducido compromiso masculino con los recién nacidos. Según el sociólogo Jacobo Blanco «la retribución de las mujeres es, por lo general, menor, e incluso su carrera profesional es menos valorada». Así que, «cuando se gana menos, es más fácil sacrificar el trabajo». De hecho, Blanco asegura que cuando el sueldo de ella es mayor el porcentaje de hombres que se dedica a los niños aumenta.
Sin embargo, lo habitual es lo contrario, recalca Rosa de la Fuente, responsable de la Asociación Vasca de la Familia. Y añade un motivo más para que sea la madre quien se acoja a la baja maternal: «Si una tiene que pasar el embarazo, luego el parto y luego el primer mes y medio, que es el más duro, sólo falta que cuando llega el momento de descansar sea el hombre el que lo disfrute».





