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El hombre de los 90 millones de libros
26.11.07 -
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El hombre de los 90 millones de libros
SAN SEBASTIÁN. DV. Hijo de severos cristianos que consideraban la televisión y el cine como unas cueva llena de tentaciones, Ken Follet tuvo que ingeniárselas por sí mismo para divertirse, y no se le ocurrió nada mejor que leer e imaginarse historias. Su padre trabajaba de inspector de Hacienda y ahora, ya retirado, le hace las complicadas declaraciones de la renta a su hijo multimillonario. Su madre le contaba cuentos con una pericia que el autor también tiene como parte de su herencia genética. El escritor, nacido en Cardiff (Gales) el 5 de junio de 1949, se fue a vivir con su familia a Londres a los diez años, y todavía sigue viviendo en la capital británica con su segunda esposa, la parlamentaria laborista Barbara Broer. Estudiante mediocre en la escuela, en los últimos años se puso las pilas para subir la nota y entrar en la universidad de Londres, más en concreto en la facultad de Filosofía.

Allí, en los años sesenta, conoció la política y a su primera mujer. A los 18 años, Follet tenía su primer hijo, un hecho que, según sus confesiones, no fue en absoluto traumático para él. Dos años tarde se licenció y se metió en un curso de periodismo para graduados impartido por una cadena de periódicos británicas. Al acabar, le madaron a un pequeño diario de Gales en calidad de bombero, el periodista que en la jerga inglesa toca el tema que le cae en ese día, probablemente muy distinto al del anterior. De aquella época recuerda sus entrevistas con Led Zeppelin y Stevie Wonder.

En 1973 regresa a Londres para trabajar en el Evening Standard y con la intención de convertirse en un periodista de investigación pero nadie le da esa oportunidad y empieza a escribir novelas que apenas se venden.

Su encuentro con el agente literario Al Zueckerman tuvo un decisivo efecto en su carrera. Él le dijo que a sus personajes les faltaba profundidad: nunca en sus obras se decía nada de su infancia, de su padres o de sus parejas anteriores. Así, añadía Zuckerman, es imposible que el lector se identifique con ella.

El primer best-seller de Follet fue El ojo de la aguja. Su éxito en EE UU le permitió aventurarse a vivir de la literatura, como el libro se seguía vendiendo -ha llegado a los diez millones de copias-, se compró una casa cerca de Niza, en el sur de Francia, uno de sus sitios preferidos, a la que se fue vivir durante tres años, hasta que volvió a Londres porque echaba de menos la ciudad.

A Follet, que ha vendido 90 millones de ejemplares de sus libros, le siguió yendo bien, pero la publicación en 1989 de Los pilares de la tierra, su primera incursión en el género histórico, rompió todas las previsiones. Ahora vuelve a las catedrales. En ellas está el milagro de su éxito.
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