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RSS | ed. impresa | Regístrate | 22 agosto 2008

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El banco que salva vidas
En Gipuzkoa, cada año se realizan unas 33.000 donaciones. En 1982, cuando se constituyó el banco de sangre, se contabilizaron 12.000. Este centro celebra hoy su 25 aniversario
24.11.07 -
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El banco que salva vidas
SAN SEBASTIÁN. DV. Hace unos cuantos años, no había bolsas de sangre esperando al enfermo. Era el donante quien acudía a la cabecera de la cama del paciente, donde la transfusión se realizaba directamente de cuerpo a cuerpo. Hoy en día sigue siendo imprescindible que alguien extienda el brazo, un gesto que salva vidas, pero el camino hasta el destinatario final es mucho más sofisticado. Los bancos de sangre son los garantes de todo este proceso, y el de Gipuzkoa está de celebración: hoy hace 25 años recibió la autorización oficial para su puesta en marcha, después de que se creara un patronato rector que propició una gestión técnica y económica puntera. Pero su historia se remonta a tiempos pasados, cuando formaba parte de la Asociación de Donantes de Sangre, al que continúa muy ligado. «Al fin y al cabo compartimos el mismo objetivo: que haya sangre para quien lo necesite. Mucha gente piensa que es lo mismo, y formalmente no lo es, pero vamos de la mano», explica el actual presidente de la asociación, Sabin Urcelay.

Los orígenes del banco de sangre se remontan a los años 60, cuando las donaciones eran remuneradas o se obtenían gracias a familiares. Hacía falta sangre, por lo que un grupo de enfermeras empezó a donarla de forma altruista. Implicaron a decenas de allegados, hasta el punto de que fue necesario coordinar aquel grupo que perseguía acabar con su comercio. «Al principio también participó Acción Católica y, de hecho, los primeros estatutos están firmados por el obispo, pero se desligó enseguida», explica José Manuel Cárdenas, director médico del banco desde el inicio de los 80. Desde entonces, el lema Ni religión, ni política, ni razas, ni fronteras ha guiado a esta asociación fundada oficialmente en 1965 y «que arrancó con una estructura muy sencilla pero que funcionó muy bien».

De pueblo en pueblo

Aurora Salazar entró como donante, se hizo voluntaria y acabó siendo la secretaria de la asociación durante varias décadas. Vivió en primera persona la creación de las delegaciones por el territorio, un modelo pionero y eficaz en el que más tarde se inspiró la normativa estatal. Porque hasta entonces, las donaciones se realizaban en los hospitales. Vizcaya, por ejemplo, llegó a tener seis bancos distintos. La asociación guipuzcoana optó por un modelo territorial: facilitar la recogida de sangre por todos los pueblos, centralizarla en un banco y distribuirla por todos los hospitales del área.

«En algunos pueblos, cuando llegábamos con el autobanco era como una fiesta»», dice Salazar mientras rememora aquella época en la que anunciaban su presencia con altavoces y la sangre se recogía en frascos de cristal tras una simple entrevista y la medición de la tensión. Nada que ver con los controles actuales. «La gente se implicó mucho desde el principio. Desde todos los ámbitos. Por ejemplo, las enfermeras salían de trabajar y se iban al pueblo que tocase a hacer extracciones y volvían a las diez de la noche a cambio de nada. En la asociación todo el mundo arrimaba el hombro. Era todo voluntariedad y colaboración. ¿Y qué decir de los delegados de los pueblos! Todo el mérito es suyo».

El mérito de los delegados

Esa figura ha sido clave a la hora de captar donantes. Ellos se encargan, y se encargaban, de buscar un local, de hacer las citaciones, de preparar un refrigerio para después de la extracción y recaudar fondos para hacer frente a estos gastos. «Implicaban a todo el mundo. Recuerdo que en algunos sitios, sobre todo en las zonas más rurales, iba mucha gente en proporción a la población. Casi todo el pueblo. Y solían llevar tortillas de patata y bocadillos para después de la extracción y se tomaban un txikito... Se creaba un ambiente especial».

La apertura de delegaciones -actualmente cuenta con 75- ha sido fundamental para que las cifras de donaciones hayan dado un salto espectacular y se incrementasen de las 200 iniciales a las 33.000 actuales. En este aumento han tenido especial relevancia algunas personas, sin cuya aportación quizás el listón no hubiese estado tan alto. En la asociación recuerdan a su primer presidente, Pedro María Gómez, quien fue relevado por José María Otazu, «con quien se crean prácticamente todas las delegaciones». Luego vinieron Mikel Urreta, «quien durante sus doce años de presidencia logró duplicar las donaciones», y Juan Carlos Redondo, que tras nueve años en la vicepresidencia fue presidente entre 1995 y 2001.

Redondo también subraya la labor de las delegaciones y el alto grado de arraigo de la donación en Gipuzkoa gracias a la promoción de la asociación, «que ha sido puntera en muchos aspectos». Por ejemplo, en el tecnológico, con la incorporación de la aféresis, «un procedimiento que permite fraccionar la sangre mientras se dona y con el que se obtienen más plaquetas y plasma que en una donación normal». Siempre a la vanguardia, el banco también incorporó nada más comercializarse la prueba para detectar el sida.

Modernización

La década de los 80 supuso un punto de inflexión para el banco de sangre, que tuvo su sede durante muchos años en locales municipales de la calle Easo -donde actualmente se encuentra la base de los bomberos-. Cada vez se transfundía más sangre, los requisitos que se le exigían a los hemoderivados iban en incremento y hacía falta un mayor respaldo económico y técnico. Mientras tanto, se mantenía intacto el ambiente de donaciones y colaboración altruista, pero había llegado el momento de dotar de una mayor profesionalización a aquella fórmula, basada en buena parte en la voluntariedad, que tan bien estaba funcionando.

En 1981 José Manuel Cárdenas se hizo con la plaza de Jefe de Servicio. Todos los entrevistados coinciden en señalar que su labor ha sido fundamental a la hora de impulsar el banco de sangre. Al año siguiente se creó su patronato rector, a iniciativa de la Diputación - en el banco recuerdan las aportaciones de personas como Juan Garitano, Prudencio Larrañaga, Javier Garayalde, Xabier Txapartegi y Joaquín Villa- y la asociación de donantes. El Gobierno Vasco, Insalud, Sanidad y las clínicas privadas no tardaron en sumarse a este proyecto.

Los cambios jurídicos no quedaron ahí. «En 2003 se convirtió en fundación a iniciativa del Gobierno Vasco. Ahora hay una relación más estrecha con Osakidetza y el Centro Vasco de Transfusión y Tejidos Humanos, del que forma parte», explica José Manuel Cárdenas. La configuración ha mutado, «pero no el espíritu. El entusiasmo y la aportación de los voluntarios sigue viva».

Actualmente, la sede del banco se encuentra en el polígono Zua-tzu y emplea a medio centenar de personas, que se ocupan de garantizar la calidad óptima de los hemoderivados de las cerca de 33.000 donaciones anuales que se producen en el territorio. Allí, la sangre es sometida a un sinfín de controles - «tras superar la prueba del PCR en la sede central de Galdakao»- en unos sofisticados equipos. Una de las máquinas, por ejemplo, está conectada a través de la línea telefónica las 24 horas del día con la sede central a la compañía Abbott en Chicago. «Allí comprueban que funciona bien y son capaces de detectar cualquier anomalía en el aparato. En el ordenador suele quedar registrado el momento en el que hacen esos controles», explica Cárdenas.

En Zuatzu, además de análisis también hacen cálculos, y muchos, para asegurar el suministro de sangre. Ya están pensando en el próximo puente, las fiestas navideñas e incluso en la Semana Santa del año que viene, que llegará acoplada a la festividad de San José. «Hay gente que nos pregunta por qué no acumulamos sangre, y lo hacemos, pero es que caduca: los glóbulos rojos duran hasta 35 días, el plasma afortunadamente se puede congelar y mantenerlo hasta un año pero las plaquetas caducan en 5 días», explica Sabin Urcelay.

Por eso, insisten en la importancia de consolidar un grupo de donantes que acuda a las extracciones con regularidad. Para el director gerente del Centro Vasco de Transfusiones, Miguel Ángel Vesga, ese es el reto común a toda la comunidad: «El objetivo es ser autosuficientes y mantener el número de donaciones, lo que es más complicado que antes porque los criterios son más estrictos para hacer la selección y los ciudadanos participan ya en otros movimientos, como las oenegés... Cada vez es más difícil llamar la atención, por ejemplo, de la gente joven».

Aún así, la solidaridad de los guipuzcoanos está más que demostrada. La Organización Mundial de la Salud establece como ideal un índice de 50 donaciones por mil habitantes al año. Y, en Gipuzkoa, 33 pueblos han alcanzado esa tasa. Pese a esa implicación social, no se puede bajar la guardia. «El 5% de la población debe donar y el 95% debe ayudar y facilitar esa donación. Es una responsabilidad compartida».

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