LEGAZPI
Una bici con llantas de madera
Un legazpiarra ha restaurado la bicicleta de su padre, toda una joya histórica, en el taller de Tomás Ayerza en Tolosa
21.11.07 -

Josetxo Etxeberria y Tomás Ayerza, con la bicicleta restaurada en una calle de Tolosa. [MIKEL FRAILE]
LEGAZPI. DV. En su taller de Tolosa, Tomás Ayerza está acostumbrado a restaurar bicicletas y motos antiguas. De todos los tipos. Pero esta vez se ha topado con una pieza que se sale de lo común. Ha arreglado y puesto a punto una bicicleta que tiene llantas de madera.
La bicicleta circuló por las calles de Legazpi. La había adquirido Fermín Etxeberria, el dueño del Bar Laubide. También la usó, siendo chaval, su hijo Josetxo, que luego tomaría el mando de ese establecimiento hostelero. Luego, en los años 60, la pieza acabó en el trastero del Laubide, cargándose de polvo y herrumbre, hasta que hace unos meses Josetxo la llevó al taller de Ayerza.
«No quiero venderla»
«Había varias personas, aficionadas a los trastos antiguos, que sabían de la existencia de la bicicleta, y se habían mostrado dispuestos a comprarla. Pero yo no quiero venderla. Tiene mucho valor sentimental. Y fue uno de esos pretendientes el que me habló de Ayerza», comenta Josetxo.
El hijo de Fermín tiene 56 años y una buena memoria. «Recuerdo que de pequeño iba en la bici con el padre, sentado en la barra, al caserío de la madre en Urretxu. Luego, cuando tenía once años, en una ocasión se averió la bici y la llevé al alquiler de Arrola. Apareció por ahí un txirrindulari famoso, que atrajo a mucha gente. Creo que era Talamillo, un corredor que andaba mucho en ciclo-cross. Me dijo que me daría una bicicleta nueva a cambio de la mía. Dejé la bici arregándola y me fui para casa. Cuando le dije al padre lo del cambio por una nueva me dijo que bajara enseguida al alquiler y que dejara claro que de eso nada».
La bici en cuestión no es una pieza única. Tomás Ayerza ya había visto algunas piezas de este tipo: «Con bicis así se corrieron más de un Tour de Francia y más de una Vuelta a España».
Sería bonito saber qué tipo de madera se usó para hacer las llantas, en las que van incrustados los radios.
Según Ayerza, es casi seguro que se trate de una bici de mediados de los años 30, por su tipo de cambio de marchas. Con ese cambio, el corredor podía escoger entre tres velocidades. Antes de los años 30, las ruedas traseras tenían un piñón en el lado derecho y otro en el izquierdo, uno de 22 o 23 dientes y el otro de 18. Cuando el corredor quería cambiar de marcha, echaba pie a tierra, accionaba la mariposa, sacaba la rueda, le daba la vuelta y la volvía a enroscar.
Cuando Josetxo entregó la bici a Tomás para que la restaurara, el velocípedo en cuestión tenía una patente del Ayuntamiento de Legazpi del año 46. Ese dato no es muy relevante a la hora de fijar su antigüedad. Se sabe que hubo años tras la contienda bélica en la que no hubo patentes.
Ayerza tiene en la Plaza Gorriti de Tolosa, no lejos de su taller, una tienda en la que expone motos y bicicletas restauradas. «La moto más antigua es ésta, una BSA de 1924, con faro de carburo».
Este hombre es toda una institución en el ambiente txirrindulari de la zona. Fue director de la Escuela del Oria de Ciclismo durante un cuarto de siglo, y de esa escuela salieron corredores como Abraham Olano.
La bicicleta circuló por las calles de Legazpi. La había adquirido Fermín Etxeberria, el dueño del Bar Laubide. También la usó, siendo chaval, su hijo Josetxo, que luego tomaría el mando de ese establecimiento hostelero. Luego, en los años 60, la pieza acabó en el trastero del Laubide, cargándose de polvo y herrumbre, hasta que hace unos meses Josetxo la llevó al taller de Ayerza.
«No quiero venderla»
«Había varias personas, aficionadas a los trastos antiguos, que sabían de la existencia de la bicicleta, y se habían mostrado dispuestos a comprarla. Pero yo no quiero venderla. Tiene mucho valor sentimental. Y fue uno de esos pretendientes el que me habló de Ayerza», comenta Josetxo.
El hijo de Fermín tiene 56 años y una buena memoria. «Recuerdo que de pequeño iba en la bici con el padre, sentado en la barra, al caserío de la madre en Urretxu. Luego, cuando tenía once años, en una ocasión se averió la bici y la llevé al alquiler de Arrola. Apareció por ahí un txirrindulari famoso, que atrajo a mucha gente. Creo que era Talamillo, un corredor que andaba mucho en ciclo-cross. Me dijo que me daría una bicicleta nueva a cambio de la mía. Dejé la bici arregándola y me fui para casa. Cuando le dije al padre lo del cambio por una nueva me dijo que bajara enseguida al alquiler y que dejara claro que de eso nada».
La bici en cuestión no es una pieza única. Tomás Ayerza ya había visto algunas piezas de este tipo: «Con bicis así se corrieron más de un Tour de Francia y más de una Vuelta a España».
Sería bonito saber qué tipo de madera se usó para hacer las llantas, en las que van incrustados los radios.
Según Ayerza, es casi seguro que se trate de una bici de mediados de los años 30, por su tipo de cambio de marchas. Con ese cambio, el corredor podía escoger entre tres velocidades. Antes de los años 30, las ruedas traseras tenían un piñón en el lado derecho y otro en el izquierdo, uno de 22 o 23 dientes y el otro de 18. Cuando el corredor quería cambiar de marcha, echaba pie a tierra, accionaba la mariposa, sacaba la rueda, le daba la vuelta y la volvía a enroscar.
Cuando Josetxo entregó la bici a Tomás para que la restaurara, el velocípedo en cuestión tenía una patente del Ayuntamiento de Legazpi del año 46. Ese dato no es muy relevante a la hora de fijar su antigüedad. Se sabe que hubo años tras la contienda bélica en la que no hubo patentes.
Ayerza tiene en la Plaza Gorriti de Tolosa, no lejos de su taller, una tienda en la que expone motos y bicicletas restauradas. «La moto más antigua es ésta, una BSA de 1924, con faro de carburo».
Este hombre es toda una institución en el ambiente txirrindulari de la zona. Fue director de la Escuela del Oria de Ciclismo durante un cuarto de siglo, y de esa escuela salieron corredores como Abraham Olano.





