- ¿Cómo es su vida en San Sebastián?
- Estoy muy integrado en la ciudad: mi hija, Dorotea, tiene un año y medio y ya va al colegio; mi mujer, Milica, es profesora de italiano y recibe clases de castellano, y yo me dedico a entrenar. Estamos contentos porque nos sentimos muy arraigados en la sociedad. Somos felices y ojalá pueda marcar muchos goles. Cuando termine mi contrato hablaremos de si merezco seguir en la Real.
- ¿Alterna por la noche o prefiere un plan familiar?
- Soy un hombre más de estar en casa con los míos. Algunas noches sí salimos con compañeros a cenar, sobre todo con Stevanovic. Nuestros idiomas son parecidos y pasamos tiempo juntos en su casa o en la mía.
- ¿Ha probado ya con el euskera?
- Bueno, es difícil. Mi niña sí habla algunas palabras que ha aprendido en el colegio, y es muy divertido cuando las dice en casa porque no le entendemos.
- ¿Cuándo se verá al verdadero Delibasic al 100%?
- Confío en estar a tope ante el Málaga, pero esto es fútbol y siempre dependes de un momento de inspiración como el que tuve en Tarragona. Tengo que estar tranquilo, y más ahora que he superado trece jornadas sin marcar. Nunca en mi carrera había estado tanto tiempo sin hacer un gol. He superado un momento difícil, porque mi familia sufría al ver que no llegaban los goles. Ya estoy más relajado y tengo muchas ganas de marcar en Anoeta y celebrarlo con nuestra afición.
- ¿Se atreve a fijarse una meta goleadora?
- Prefiero ir poco a poco. No me preocupa tanto el número de goles como la importancia de los mismos. Es mejor marcar un gol en una victoria que dos o tres en una derrota.





