DESDE EL PERÍMETRO
La sensación de complejo inutilizado me atrapa cada vez que piso su helador cemento. No sé qué se cuece cuando el sol se esconde. No me hablen de nocturnidad, decibelios y luces de neón. Que, por cierto, tampoco están de más en una ciudad a la que le cuesta mover el esqueleto. Pero sí sé lo mucho que se echa de menos una simple cafetería, un restaurante, un 'txiki park' y lo que ustedes quieran.
Cada vez que estaciono el vehículo en el aparcamiento y me adentro en las entrañas de Illumbe me pregunto si llegará el día en el que pueda pasar una jornada completa en Illumbe con la excusa de un partido de baloncesto. El día en el que pueda desayunar, hacer la compra por la mañana, pueda ver una película en el cine mientras los niños se vacían en el 'txiki park', disfrutemos por la tarde toda la familia del partido de baloncesto y termine la jornada celebrando la victoria de mi equipo con mi compañero de asiento. ¿Tan lejos estamos? Otras ciudades con menos pedigrí ya lo hacen.
Illumbe ahora es una mole vacía en la que uno no tiene ni una miserable máquina en la que poder tomarse un café, al menos antes de las ocho de la tarde. Illumbe es aparcar, disfrutar del Bruesa y volver a coger el coche cuanto antes mejor para no verse envuelto en el atasco. ¿Tan complicado es hacer de Illumbe algo más? Imagino un complejo de ocio-deportivo, un Illumbe Arena. ¿O es un sueño?





