Lo visto ayer en los dos cuartos iniciales del partido constituye una excepción en la línea de progresión del Bruesa, pero también así, sin tanta floritura, esquivando trampas, superando errores de cálculo y corrigiendo el rumbo sobre la marcha, se dan forma a los equipos. El Bruesa resolvió el partido justo a tiempo, cuando ya el rival no puede responder. Como había que hacerlo ante un Rosalía que empantanó la cita, lo suyo a su terreno y como pretendía llegó a los últimos compases con las opciones intactas.
Rosalía fue fiel al trabajo defensivo que venía poniendo en práctica en las jornadas anteriores, retocado con algunos ajustes individuales. De jogo bonito, lo justo. Metió al Bruesa en una espiral de errores. Balones entregados, pérdidas y lanzamientos a destiempo se sucedieron. El Rosalía indigestó el ánimo. No había quien en el Bruesa controlara y desatascara la situación. A cada error del en ataque, le seguía un acierto del Rosalía con la defensa del Bruesa fuera de sitio y sin cerrar el rebote. Los de Laso no leían las situaciones en ataque por más que exprimían las posesiones. Rosalía apretaba y bien. Se movía a la perfección en aguas procelosas. Al Bruesa le costó saber cuándo atacar, parar y correr al contraataque. O simplemente el Rosalía no le dejó. Convirtió el choque en un pedregal rugoso, feo por momentos. Había exprimido bien su juego de pizarra. El Bruesa sumaba diez pérdidas el término del primer tiempo (44-45).
Algo tenía que cambiar si el Bruesa quería encontrarse con su juego. No empezó bien la cosa porque Hopkins y Arteaga entraron en faltas al volver de vestuarios. Laso tiró de Faverani y Panko. El caso es que Bruesa aceleró como no había podido hacerlo antes y adquirió una ventaja (72-63, m.28) que parecía definitiva. El trío Arco, Andrade y Faverani funcionaba ante un Rosalía en el que Oleson se erigió en protagonista. Anotó doce puntos en el tercer cuarto. Ahora sí, el Bruesa encontraba amparo en el contraataque y en las soluciones individuales que llegaban como fruto del trabajo colectivo atrás. Bruesa sacó el codo, tiró de experiencia y de su acierto exterior (3/4). Pero lo que parecía una demarraje en toda regla quedó sumido en un mar de igualdad, con corrientes cambiantes, que por otra parte era lo que Illumbe barruntaba como lógico con un Bruesa menos vivo de lo habitual (72-69, m.30).
Entonces sí mostró su poso. Se comió un par de indigestos triples (78-82, m.37), pero no dudó, supo qué hacer, convirtió cada posesión en un tesoro dejando atrás su racha de pérdidas y se amparó en pinceladas individuales como los triples de López, la solidez de Faverani y las acciones de un Panko hasta entonces irregular.











