
El proyecto ofrece una peculiaridad añadida: los encargados de dar forma a los nuevos modelos son tres estudiantes, alumnos de la escuela de diseño guipuzcoana: Iker Bereziartua, Dorleta Martínez e Iñigo Puso. En su labor han contado con la colaboración de dos profesores de la escuela y han sido asesorados asimismo por profesionales del sector.
Otro aspecto a destacar del proyecto es que ninguno de los alumnos que han participado ha recibido retribución económica alguna. El acuerdo de colaboración entre el Guggenheim y la Escuela de Diseño Kunsthal se materializó el año pasado en un convenio entre ambas empresas que fija entre los objetivos de esa relación «desarrollar nuevas aplicaciones para la imagen corporativa del museo destinadas al packaging de su Tienda Librería».
Provocar
La directora de comunicación del museo, Alicia Martínez, explicó que la idea surgió cuando «el centro me invitó a formar parte del Tribunal de Calificación de Proyectos Fin de Carrera de la escuela y me quedé realmente sorprendida por el nivel de los trabajos presentados y propuse al museo la idea de trabajar juntos: les encargamos cambiar la imagen del packaging de la tienda, que aunque estaba perfectamente integrada en la imagen corporativa del museo, pensamos que tenía poco impacto».
Los tres alumnos han sido seleccionados por el propio centro y el proyecto se ha desarrollado de forma paralela al curso lectivo. El nuevo diseño surgido de la labor creativa de estos tres incipientes diseñadores apuesta por una imagen «visualmente más impactante» que se ha aplicado de forma concienzuda a nuevas propuestas y formatos.
Los diseños, en palabras de Iker Bereciartua, que agradeció el apoyo y la colaboración de los profesionales y docentes de la escuela que han participado en la iniciativa, se han articulado a través de varios elementos: «El movimiento aplicado al propio logotipo del museo presente en los paquetes al que hemos dotado de formas curvilíneas en un planteamiento deconstructivo; el uso de retículas distorsionadas y variaciones cromáticas en torno al azul, el verde, el magenta, el negro y el color titanio en busca de formas más dinámicas, y el manejo de colores poco asociados a la imagen del museo hasta ahora».
Bereciartua desgranó las claves de las ideas en las que tanto él como sus dos compañeros han basado su modificación conceptual sobre dos ejes principales: buscar introducir en sus diseños «una mirada al interior del propio museo, con sus colores y formas sinuosas», desde su punto de vista, «igual de interesante que su imagen exterior pero mucho menos utilizada tanto en su imagen como en su actividad» y, por otro, poner énfasis en «sus ya conocidas formas curvas y la sensación de movimiento que transmite, presentes en cada elemento del edificio de Gehry mediante superposiciones y transparencias».
El director de la escuela Kunsthal, José Manuel Carrillo, destacó que lo inusual del encargo no debe ocultar que se ha tenido en cuenta en todo momento el tratar de conjugar «el afán experimentador y más libre que aportan diseñadores jóvenes que todavía estudian, sin olvidar un fuerte componente profesional que no se ha dejado de lado, como tampoco el proceso académico asociado a cualquier experiencia didáctica relacionada con la enseñanza», afirmó al presentar los nuevos productos.















