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RSS | ed. impresa | Regístrate | 7 octubre 2008

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LA VIDA MISMA
El cura era mujer
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Lo viví el pasado domingo, 11 del presente mes de noviembre, en la celebración eucarística de la catedral de la Iglesia de Inglaterra, Saint Paul, en Londres. Era un día señalado, Remembrance Sunday (domingo del recuerdo) en el que los ingleses (no sé si también los británicos) recuerdan la fecha del armisticio de la primera guerra mundial, aunque, por el sin número de personas de todas las edades que llevaban en la solapa una flor alusiva y algunas explicaciones escuchadas y leídas de diferentes colectivos, comprendí que para muchos esa fecha pretende significar también un «no a la guerra», la de Irak comprendida que, recuérdese, la apoyó el gobierno británico de Blair.

La víspera almorcé con un matrimonio amigo. La esposa, psiquiatra con inquietudes religiosas, de confesión anglicana convertida al catolicismo y reconvertida al anglicanismo, desilusionada con la forma de abordar ciertas cuestiones en el catolicismo, me animó a asistir a la ceremonia de Saint Paul.

El rito prácticamente idéntico al de una misa católica, con un templo inmenso lleno a medias, también con jóvenes, ya de entrada me subyugó por la preparación de la ceremonia. Un desfile de cantores (interpretaron la extraordinaria Misa de Réquiem de Duruflé, compuesta tras el final de la 2ª Guerra Mundial), precedía a los celebrantes en su llegada al altar. Aunque lo sabía, era la primera vez que veía una mujer presidiendo la ceremonia auxiliada por otra mujer (Canóniga de la Catedral que pronunciaría un excelente y enjundioso sermón) y por otro pastor, este de sexo masculino. Sentí un pinzamiento en el corazón, especialmente cuando la celebrante principal cantó el prefacio, pronunció las palabras de la consagración, idénticas «de pe a pa» a las católicas, y nos invitó a todos los cristianos a acercarnos a la comunión. En el folleto que nos entregaron a la entrada nos decían que «los cristianos de todas las denominaciones eran bienvenidos a recibir la Comunión» (Christians of all denominations are welcome to receive Comunion).

Mi amiga anglicana me decía que la unión de los cristianos la haremos los fieles antes que los teólogos y los jerarcas de las iglesias. No sin dificultades, también entre los fieles, pues hay anglicanos que pasaron a ser católicos, precisamente por la ordenación de mujeres pero, participando el domingo pasado en la misa de Saint Paul, tenía la satisfacción de haberme adelantado en dos o tres generaciones a lo que, si no mis hijos sí mis nietos, vivirán en la Catedral del Buen Pastor: una celebración eucarística, una misa presidida por una mujer, sacerdote de la Iglesia Católica, unida ya a la anglicana como primicia de la unión de todas las Iglesias cristianas, y ya superada la increíble y vergonzante relegación de la mujer en la Iglesia Católica.

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