
Dieciséis socios de Itxasburu, sociedad del donostiarra barrio de Gros, homenajearon a estos cinco porteros guipuzcoanos que marcaron época, en un acto sencillo y entrañable en el que se recordaron tiempos gloriosos en los que la figura del meta era sinónimo de héroe.
En el ambiente reinaba la preocupación por la actual situación de la Real. Incluso Zubi y El Chopo, ex jugadores del Athletic de Bilbao, resoplaban al ser preguntados por la crisis institucional del conjunto txuriurdin, aunque como la mayor parte de comensales prefirieron guardar silencio sobre el futuro del club.
Una dantzari bailó un aurresku a la llegada de los cinco cancerberos a la sociedad. Posteriormente, los asistentes al acto degustaron el exquisito menú preparado por Patxi Belandia y los suyos. Pintxos de txistorra, caldo de gallina, almejas en salsa verde, rape en salsa, solomillo con puré de patata y pasteles y cava, una combinación que logró que el nivel culinario se acercara a la cota deportiva de los homenajeados.
Dieron buena cuenta de estas delicias personalidades del mundo del fútbol y de la Real Sociedad. No faltaron el desde hace dos días presidente Juan Larzabal, Javier Expósito, Juan Luis Larrea, Iñaki Alkiza, José María Martínez o José Miguel Olano, entre otros. Por parte de las instituciones destacó la presencia de Iñaki Galdos, diputado de Deportes y Acción Exterior, e Iñaki Ugarteburu, director de deportes del ente foral.
En las postrimerías del homenaje se repartió un libro editado con la colaboración de la Diputación, titulado Porteros guipuzcoanos. El comienzo del mismo reproduce una frase que dio lugar a debate durante la comida. «¿Por qué hay tantos porteros guipuzcoanos entre los mejores del mundo?».
Antes de la entrega de unas esculturas abstractas que ensalzan la figura del guardameta, Xabier Euskitze procedió a cantar bertsos que reactivaron al personal tras los cafés. Reinaba en la sociedad la imagen, en blanco y negro, de los cinco metas.
«Estoy emocionado», aseguraba Josetxo Araquistáin, que no ocultó la división que vive su corazón cuando Real Sociedad y Real Madrid se enfrentan, «aunque me parece que durante un tiempo eso no va a ocurrir» comentó. El meta de Azkoitia aseguró que tanto la organización como el ambiente reinante fueron «fenomenales».
«Tener referentes»
Opinión compartida por Luis Arconada, que se mostraba sonriente y sorprendido por la dimensión del acto. «Creía que iba a ser un tributo en familia, mucho menos elaborado, pero me ha sorprendido la organización gratamente. Es un momento alegre y he disfrutado».
Preguntado por la sucesión de porteros guipuzcoanos que se dio hasta que Zubizarreta colgó los guantes, Arconada cree tener la solución: «Es difícil asegurarlo a ciencia cierta, pero creo que la clave radicó en tener siempre una referencia. Un portero al que imitar, al que admirar, un espejo en el que mirarse. No creo que sea cuestión de rachas».
José Ángel Iribar, también visiblemente emocionado, compartía opinión con el meta realista por autonomasia. «En mi caso Araquistáin fue mi modelo y tenía que desplazarme para ver su forma de entrenarse y de jugar. Ahora todo ha cambiado, porque desde un ordenador, y en poco tiempo, puedes apreciar a los porteros de todo el planeta. Pero voy a añadir más. En aquella época conocías a los porteros sobre todo por lo que escribían los periodistas. A partir de ahí, le echabas mucha imaginación. Esa capacidad imaginativa era muy importante. A partir de lo que leías sacabas muchas conclusiones. Curioso pero cierto».
«De héroe a antihéroe»
Iribar cree que el rol del portero ha cambiado de cara a los más jóvenes. «Antaño la figura del portero era la del héroe. Hoy es una especie que va más ligada a la etiqueta de antihéroe», apostilló.
Zubizarreta también disfruto con sus amigos. Mantiene el contacto con la terna de porteros homenajeados ayer y aprovechó para dar ánimos a Asier Riesgo. «Tiene mimbres como para unirse al elenco de grandes metas guipuzcoanos. Creo que es ya una realidad. La portería de la Real está muy bien cubierta. Me gustan sus dos porteros, cada uno con sus características. Al conjunto txuriurdin le he visto un par de partidos y, aunque desde la distancia es muy fácil opinar y por eso prefiero guardar mesura, creo que está en pleno proceso de adaptación a una categoría muy complicada».
Ignacio Eizagirre, que mostró una agilidad y vitalidad enormes a sus 87 años, deleitó a todos, inclusive a sus compañeros homenajeados, con anécdotas del fútbol de su época, anterior incluso a la televisión de blanco y negro. Pero como bien saben, el fútbol ha cambiado. Y mucho. Aunque, como decíamos al principio, escuchar, o simplemente ver, a estas leyendas guipuzcoanas inyecta ánimo en una época en la que la nave txuriurdin está hundida.







