
Santos pertenece a una generación de realizadores que ha utilizado el corto como trampolín. Su inminente salto al largo tiene todas las de ganar: lo produce su amigo y compañero de facultad, Alejandro Amenábar, el guión está escrito por Daniel Sánchez Arévalo, ganador de tres Goyas por AzulOscuroCasiNegro, y la protagonista es Belén Rueda. El mal ajeno, que se rodará en primavera, es un drama con elementos fantásticos que transcurre en un hospital. ¿No sonará demasiado a El orfanato? «Su éxito me puede beneficiar, porque no deja de ser la próxima película de Belén Rueda. Sentiré más presión y me mirarán con lupa. Y algunos buscarán el sello Amenábar: todos sabemos que él la haría mejor que yo».
La cafetería de la Complutense fue el aula de los dos amigos. Santos, a diferencia del director de Los otros, acabó la carrera. «No íbamos mucho a clase, pasábamos horas muertas hablando de cine. Ya se veía de lejos que Alejandro era un fenómeno». Veneraban a Spielberg -«E.T. es una película fundamental para nuestra generación»- y se descubrían cineastas como Víctor Erice. «Alejandro ha estado obsesionado desde pequeño con El espíritu de la colmena». No sólo han mantenido la amistad. El rey Midas del cine español, que debuta como productor, le apadrinó en sus cortos y le confió el making of de Mar adentro. Otro compañero de clase enfermo de cine era Mateo Gil (Nadie conoce a nadie), que prepara Pedro Páramo con Gael García Bernal. Santos será su mano derecha en el rodaje.
Amenábar, Gil, Bayona, Santos Directores que ponen patas arriba una industria que arrincona a los veteranos por la taquilla. «No pretendemos cambiar el cine español, pero cambiará. Todos hemos visto muchísimo cine, somos vocacionales y nos une un rasgo: lo que más nos duele es no conectar con el público. Mira, yo respeto a Garci. Y ahora está rodando una peli de 16 millones de euros que a él y a sus cuatro amigos les va a encantar, pero al público ».









