
- ¿Cuándo se inició su relación con China y su idioma?
- Empecé con el idioma hace diez años, en 1998. Ahora tengo la residencia en Pekín.
- Una revolución personal y familar, supongo.
- Mi compañera, que vive en Mondragon, ha pedido una excedencia en su trabajo y viene a Pekín. Yo no tenía claro cuánto tiempo iba a estar, pero los años pasan volando.
- Todo cambio, ¿es una oportunidad?
- La posibilidad me resultó atractiva. Era un desafío. Al principio viajaba a Asia cada mes o mes y medio. Cuando se me planteó residir en Pekín, llevaba años en contacto con clientes y con el protocolo y la forma de vida de aquí.
- ¿Se cumplen sus expectativas?
- Creo que es un momento que no se va a repetir y yo participo en vivo y en directo.
- La transformación es radical...
- Con sus contradicciones. Hay aspectos que apuntan hacia una economía de mercado. Y gobierna un partido comunista. El choque es curioso.
- ¿Qué chip debe colocarse quien inicia una relación con China?
- Hay que venir con una mentalidad abierta. Una tradición que viene de Confucio es diferente a una cultura derivada de los griegos.
- ¿Le resultó difícil el chino?
- El idioma supone un cambio radical. La referencia del abecedario no sirve. Su estructura gramatical es muy sencilla. Son más complicados los sonidos y los caracteres. Si a ello le sumas la forma de pensar china, las cosas se complican. Sólo como ejercicio mental merece la pena.
- Usted se hizo con el chino...
- No tengo problemas para moverme por la calle. Pero es complicado seguir una conversación de cierto nivel. Hay que pasar por la Universidad o por un estudio intensivo.
- ¿Se pasan momentos difíciles?
- En Asia, con el inglés no vas a ningún sitio. Y eso que están cambiando las cosas. Pero hace unos años todo era en chino. Para coger un autobús o para viajar por carretera, lo necesitabas.
- Las dificultades, ¿le han hecho pensar en tirar la toalla?
- A mí no me ha pasado. Pero conozco gente que se ha quemado. Y hay quien está encantado.
- ¿Qué podemos aprender de los chinos?
- La sociedad china es muy disciplinada. No ha estado bien organizada y por eso ha tenido poca productividad. El paro aparece encubierto en las empresas del Estado. Hacen entre tres lo que puede hacer una persona. Ellos aprenden productividad y a ser más competitivos. Y nosotros, disciplina. En China, cuando se plantea un objetivo de país, la gente se suma. Nosotros somos más anárquicos.
- Una recomendación...
- Hay que venir sin prisas y cultivar la relación humana. El país del dragón lleva su tiempo. Luego se ven los frutos.







