Chris Coleman compareció ayer noventa minutos después de la hora prevista por culpa de «una avería», según explicó entre disculpas. «Mi casa, todo agua», dijo en castellano. Al parecer, la lavadora de su casa en el barrio de Gros se estropeó y la vivienda se inundó parcialmente. «Estaba preocupado por lo que pasaba allí. Abajo vive una familia con niños y el agua les caía. Mi castellano es muy limitado y necesito siempre la ayuda del traductor, que evidentemente no estaba allí, por lo que ha venido el técnico de la lavadora y se las ha tenido que entender por sus propios medios».
El retraso de Coleman alarmó a los empleados del club, ya que el míster no respondía al teléfono ni había avisado de su tardanza. Con la voz ronca «por un catarro» y cara de haber descansado poco, el entrenador reiteró sus excusas. «Sí, es mi culpa y no he querido faltaros al respeto». Como castigo, estará algunos días sin agua caliente.