El heredero de la Corona hasta pudo degustar las verduras y el rape preparados por el cocinero José Mari Arbelaitz en su feudo de Miramón. Y es que la jornada, iniciada con la rigidez de las corbatas, terminó relajada con la distensión de las tertulias. El Príncipe departió con todo el mundo, incluso los periodistas, y mostró discretamente a todos su deseo de volver a San Sebastián y el País Vasco en el futuro «con más calma y tiempo».
Un traje gris entre el azul
El Príncipe llegó al aeropuerto de Hondarribia en su avión oficial pasadas las once de la mañana. Desde allí se trasladó en coche hasta el Parque Tecnológico de Miramón, que desde primera hora de la mañana estaba vigilado con estrictas medidas de seguridad, lo que provocó algunos atascos en el momento en que los trabajadores del polígono accedían a sus empresas.
Sólo autoridades, los representantes de las entidades organizadoras del acto empresarial y la prensa aguardaban a don Felipe, que fue recibido por el delegado del Gobierno en el País Vasco, Paulino Luesma; el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano; la consejera vasca de Industria, Ana Aguirre, y la presidenta de las Juntas Generales, Rafaela Romero. El alcalde de San Sebastián, Odón Elorza no pudo asistir al acto porque a esa hora el Ayuntamiento celebraba el decisivo pleno de aprobación de las nuevas tasas municipales.
También esperaron al Príncipe el presidente del Real Instituto Elcano, Gustavo Suárez Pertierra; el de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, y el de Tecnalia, José María Echarri. Todos ellos se felicitaban por el luminoso día que hizo ayer en Donostia. En el paisaje de Miramón, marcado por el blanco de los modernos edificios y el verde de sus jardines, el traje gris del Príncipe destacaba entre el traje azul de todas las demás autoridades. Sólo la consejera Ana Aguirre y la presidenta de la Cámara guipuzcoana, Rafaela Romero, ponían una nota distinta de color al paisaje humano del día.
El Príncipe asistió con atención a la clausura de la jornada sentado en la primera fila del público en el interior del auditorio. El presidente de Tecnalia, José María Echarri, se permitió una broma cuando hablaba del empuje de los niños como metáfora para las empresas. «Usted sabrá mucho de esto, señor», dijo mirando a un sonriente Príncipe. Antonio Garrigues Walker también recurrió al humor en su vibrante intervención, al recordar, por ejemplo, que el Vaticano es el Estado europeo con menor índice de natalidad «por razones obvias». Ahí las risas de Felipe de Borbón fueron más evidentes.
Música de clausura
Tras las diferentes intervenciones de los oradores fue una treintena de voces del Orfeón Donostiarra, dirigida por José Antonio Sainz Alfaro, la que cerró el acto oficial. Los orfeonistas echaron mano de su repertorio y cantaron Siboney, Negra sombra o Maite, entre otras piezas, para concluir con el Agur Jaunak escuchado en pie por todos los presentes.
Luego llegó la hora distendida del cóctel y la charla. Un accesible Príncipe de Asturias fue departiendo con los presentes. Charló, por supuesto, con sus anfitriones, los representantes de las empresas organizadoras del acto, pero también con casi la totalidad de los invitados.
El sucesor al trono dedicó tiempo especial a los políticos: habló con el socialista Jesús Eguiguren, con Josu Jon Imaz, con María San Gil. El Príncipe charló con el director general de la Cámara de Gipuzkoa, Agustín Eizaguirre, con el presidente del Aquarium, Vicente Zaragüeta (que le recordó la invitación extendida a los Reyes para la inauguración del remodelado museo marino el próximo otoño), con empresarios de la comunicación como Alejandro Echevarría y José María Bergareche, con el consejero delegado del BBVA José Ignacio Goirigolzarri o el científico Pedro Miguel Etxenike.
Pero quizás el momento más relajado fue cuando el Príncipe de Asturias se acercó a los orfeonistas que habían actuado minutos antes. Felipe de Borbón bromeó con el director del coro, José Antonio Sainz Alfaro, que ha actuado tantas veces ante la familia real. El Príncipe felicitó a los orfeonistas por su interpretación.
El almuerzo
Tras el cóctel casi un centenar de invitados asistió a la comida, celebrada en las propias estancias del edificio central del Parque Tecnológico. El Príncipe presidió la mesa principal, en la que se sentaron también los presidentes de la Fundación Elcano, de Iberdrola y de Tecnalia, el delegado del Gobierno, el diputado general. la consejera de Industria y la presidenta de las Juntas, además del conferenciante del día, Antonio Garrigues Walker.
La comida fue preparada por el cocinero José Mari Arbelaitz, del restaurante de Miramón. Tras el jamón, la sopa fría de tomate, la brocheta de solomillo, el crujiente de langostino, las croquetas de jamón y los pimientos de Gernika que los invitados habían degustado en el cóctel de pie, ya sentados pudieron saborear el siguiente menú: verdurita de temporada cocida al vapor, salteado de setas y jugo de brotes de hinojo; lomo de rape asado, crema de patata y oliva y salteado de tallarines de chipirón, y de postre, juego de naranja, piña y leche de coco fermentada.
Hacia las cuatro de la tarde se levantó la sobremesa y el Príncipe emprendió el camino de vuelta: cubrió nuevamente en coche el trayecto hasta el aeropuerto de Hondarribia y tomó su avión oficial con destino a Madrid.
La anterior visita del Príncipe a Donostia tuvo lugar en marzo del año pasado, cuando inauguró la nueva sede de la Cámara de Comercio y el centro Tecnum de la Universidad de Navarra acompañado de su esposa.
La próxima vez, con la princesa
El Príncipe de Asturias no habló ayer en público en el marco de la jornada de estudio. Según explicaron fuentes de la Casa Real, «el Príncipe quería asistir a la reunión porque le interesaba mucho la cuestión a debate» y, lógicamente, por el hecho de visitar una vez más el País Vasco. «Pero no siempre habla en todos los actos oficiales a los que acude», matizaron.
A falta de discursos Felipe de Borbón se desplegó en la corta distancia. Saludó personalmente a buena parte de los invitados y se acercó también a los periodistas, con quienes compartió amplia y relajadamente, aunque como advertía un responsable de la Casa Real, «estas conversaciones forman parte del ámbito privado». Tampoco había grandes secretos que desvelar: el Príncipe se declara encantado de visitar San Sebastián y el País Vasco y mostró su deseo de volver. Ese deseo quedó patente en varias de las conversaciones que mantuvo a lo largo del día. Pero como decía una de las invitadas al cóctel, «la próxima vez, con la Princesa». Ayer Letizia Ortiz se quedó en Madrid por obligaciones de su agenda.
La víspera los Príncipes de Asturias habían asistido en Valencia a la inauguración de la nueva sede de la Cámara de Comercio y de la exposición consagrada al pintor Sorolla. Según decía un seguidor habitual de los viajes principescos, «cuando viaja Letizia se dobla la prensa acreditada, aunque sea con los medios del corazón».















