
Según los especialistas, los adultos debemos enseñar a los niños que comer es un auténtico placer. Los buenos hábitos alimenticios empiezan por disfrutar en la mesa, todos juntos, sin enfados ni chantajes e intentando que esos ratos sean agradables. La falta de apetito es uno de los problemas que más atormentan a las familias y educadores llegando a producir auténticos dramas.
Los doctores recuerdan que a todos nos gustan más unos platos que otros, y que cuando el niño es pequeño se puede permitir que elija lo que más le gusta de vez en cuando pero recuerdan que, en general, se debe ir acostumbrándole a comer de todo. Lo que no se debe permitir es que sólo coma lo que le gusta.
Los niños que sólo comen dos o tres cosas suelen ser, además, los que eternizan la hora de la comida. Disponen de varias 'técnicas' para sacar de quicio a la persona que está con ellos mientras comen (por ejemplo, no masticar, hacer bromas, escupir, etc.).
Comen mal
Cuando un niño come mal es importante averiguar cuál es la causa, y para ello podemos seguir algunas pistas. Hay que comprobar que no tiene ninguna enfermedad ni malestar físico que le haga comer mal, y para ello, hay que consultar a su pediatra. Es importante no comer con la televisión encendida ni con juguetes que le distraigan y le hagan olvidar la comida. Hay que respetar escrupulosamente las horas de las comidas, evitando que coma entre horas. Tenemos que recordar que la comida no debe ser una obsesión de los adultos, por lo que hay que ponerle al niño una cantidad de comida prudente. No se trata de que el niño coma grandes cantidades, sino que coma lo que necesita para disponer de la energía que le permita correr, jugar y vivir de forma saludable.
En muchas ocasiones ocurre y también tenemos que tener cuidado y no entrar en su guerra. Han de saber que a nosotros no nos pasa nada porque no coman, ya que son ellos quienes pasan hambre, no el resto de la familia. Hay que pactar un tiempo para comer. Retirar el plato sin enfadarse si no ha comido en un tiempo prudencial. Actuar de esta manera, dos o tres veces seguidas para que vea que no hay guerra y que si no come, el que pierde es él, no tú. Por supuesto, no ofrecer nada después.
Tenemos que evitar las comparaciones y los sobornos para que coman. No poner como referencia a hermanos, amigos, etc. Igualmente, no 'premiar' (juguetes, etc.) a los hijos si comen todo, ni utilizar la comida en sí como premio (helado, pastel) o castigo (alimentos que no les gusten). Hay que ser constante con el plan. Actuar y no discutir con él. También es muy importante recordar que el éxito es del niño. No presumamos los padres y educadores.
Finalmente, según los doctores, no hay que olvidar que la constancia es un arma imprescindible para educar, no se debe pensar que educar en unos hábitos de alimentación correctos es una tarea fácil, ni que, aun siguiendo las pautas y recomendaciones anteriores, se solucionará el problema en una semana.
Por lo tanto, un niño sano no debe tener problemas para comer si se tiene en cuenta su hambre natural, respetando sus necesidades alimenticias y sin entrar en su juego de disputa de poder. Al contrario, la comida puede ser un momento placentero para reunirse toda la familia y compartir, amigablemente, las inquietudes e intereses de los miembros de la familia.





