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RSS | ed. impresa | Regístrate | 7 septiembre 2008

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ladrones de cobre
Tras la pista del cobre
El cable robado en Gipuzkoa «se vende a chatarreros sin licencia» o en «Vizcaya, donde pagan más»

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Tras la pista del cobre
Un empleado de Telefónica repone el cable robado en Zaldibia el pasado lunes. [MIKEL FRAILE]
SAN SEBASTIÁN. DV. «Habría que detener a los que roban el cable y a quienes lo compran». Así de contundente se manifestaba el martes un indignado vecino de Zaldibia. En su pueblo, en apenas tres días se han sucedido dos hurtos que han dejado a todos los vecinos sin servicio de teléfono. ¿Quién roba, quién compra y a dónde se destina el material? He ahí la cuestión.

Los responsables de las chatarrerías de Gipuzkoa siguen de cerca estos días la cadena de robos que sufre el territorio. Muchos de ellos han sido también víctimas de los ladrones de chatarra, pero en estos últimos dos meses están siendo objeto de «más inspecciones que las habituales por parte de la Ertzaintza, en busca de posible material robado».

Los chatarreros no niegan que «alguien tiene que comprar» el material robado. No obstante, la práctica totalidad asegura que comercia «con clientes habituales o con empresas» y que registra cada compraventa en una ficha, «en la que se recoge el DNI de cada vendedor». Todo en regla.

Según los chatarreros guipuzcoanos consultados, el cobre robado no lo compran los profesionales «que aparecen en la guía telefónica». Aluden a otros. En Gipuzkoa hay «quienes trabajan sin licencia» o de «forma ambulante».

Otros aseguran que el material hurtado podría tener su destino en «Vizcaya, donde hay más mayoristas que luego sirven directamente a las fundiciones. Los ladrones saben que allí se paga un poco más», asegura un chatarrero de Legazpi. «Nosotros compramos chatarra. Si viene algo que se ve nuevo, no lo admitimos porque ya se sabe que es robado», añade un chatarrero de Irun.

Corporativismos al margen, para un responsable de uno de estos establecimientos guipuzcoa-nos, en cambio, está claro que «hay chatarreros que compran, a sabiendas que puede ser algo robado. En el caso del famoso cable, está claro que, a no ser que lo venda la propia Telefónica, se trata de material robado». En la misma línea, otro compañero admite que «hay colegas que no tienen tantos escrúpulos en su trabajo».

A 4 euros el kilo

El cobre se ha convertido en un metal «apetecible». Los responsables de las chatarrerías consultados coinciden en que en los últimos dos años el valor del cobre «se ha revalorizado», aunque no concretan el alza. En las chatarrerías guipuzcoanas, el precio de este metal ronda actualmente los 3-4 euros el kilo, mientras que el precio del cable de cobre sin pelar se cotiza a 1,5 euros. Teniendo en cuenta los miles de kilos que han sido robados en Gipuzkoa, basta con hacer cuentas...

Detrás de este alza del valor del cobre se encuentra el «tirón asiático en chatarra y metales», afirma un chatarrero de Legazpi. «Los chinos tienen mucho hambre de materia prima y han llegado a Bayona para llevarse chatarra. Son los que más han demandado cobre para luego fundirlo y hacer otros productos».

Delincuentes en grupo

A la espera de los informes oficiales de la Ertzaintza, en los últimos meses se ha producido una veintena de robos de cable en Gipuzkoa. Según el Departamento de Interior, tras estos robos se esconden «pequeños grupos de delincuentes, no mafias organizadas, que en algunos casos pueden proceder de Europa del Este».

Al parecer, actúan motivados por la «coyuntura actual de alza de precios en el cobre». Son gente que «antes ya se dedicaba a estos delitos, pero ahora los consuma con mayor intensidad», robando «incluso cables de tendido telefónico».

Levantan el material de noche, en lugares poco habitados y posteriormente lo venden en el mercado negro de la chatarra. Los propios empleados contratados de Telefónica para reparar los cables consideran que los robos de tantas toneladas de cobre han tenido que ser cometidos por «grupos organizados» que se «toman su tiempo» y disponen de «un camión o furgoneta y herramientas para cortar, trocear, pelar el cable y llevarse el cobre de su interior».

El sábado, tras el primer hurto de cable en Zaldibia, la Ertzain-tza detuvo a dos jóvenes de 21 y 24 años que, una vez presentados ante el juez, quedaron en libertad. Los detenidos fueron sorprendidos junto a otros dos individuos que huyeron, cuando intentaban quemar los 2.000 metros de cable de teléfono robado presuntamente en Zaldibia, para extraer el cobre de su interior. Asimismo, la Policía halló en los alrededores «dos taladros, dos máquinas, broca, una sierra, una pistola metálica y una cizalla».

En las investigaciones del destino del cable robado en la estación de Renfe de Beasain a finales del pasado mes, la Ertzaintza descubrió en una chatarrería de Tolosaldea 1.200 kilos de cable de cobre que presuntamente habrían sido trasladados allí por los sospechosos, con la idea de venderlo.

Dispositivo policial

La Ertzaintza ha desplegado «desde hace dos meses» un dispositivo para «prevenir e investigar» los robos de cable, sobre todo en determinados municipios de Gipuzkoa y Vizcaya. En este despliegue, se incluye «un seguimiento detallado de los robos que se han producido y el control de los posibles establecimientos receptores de la mercancía robada», es decir, inspecciones en chatarrerías. Este dispositivo ha permitido que se realicen una veintena de detenciones, aunque no ha impedido sucesos como el del lunes en Zaldibia, en el que se robó cable horas después de ser repuesto.

jmvelasco@diariovasco.com
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