A Fagor Arrasate, como reseñan Amaia Irizar y Arianne Kareaga en su libro sobre la trayectoria de esta cooperativa, le costó hallar su camino. Un acta fundacional redactada por Don José María Arizmendiarrieta el 14 de junio de 1957 daba carta de naturaleza a la nueva sociedad. El propio sacerdote fue el inspirador de esta iniciativa empresarial. Llamó a su despacho a Leandro Uribarren, a la sazón profesor de la Escuela Profesional creada 14 años antes por el propio cura, y a Félix González, empleado de la Cerrajera, y de sopetón les dijo: «vais a poner en marcha una empresa cooperativa». Don José María embarcó en la tarea a otra docena de jóvenes que hacían troqueles en el taller de la Escuela, y a los que se les acabó el trabajo que hacían para Roneo.
Talleres Arrasate Cooperativa Industrial inició su andadura en un viejo pabellón de Legarre, concretamente en las instalaciones de la antigua Aranzabal y Cía. Un total de 17 trabajadores componían la plantilla; los fundadores más algunos ex empleados de Aranzabal que se unieron al proyecto cooperativista.
Tras realizar una aportación económica de 50.000 pesetas (un oficial de primera venía a ganar entonces 25.000 pesetas al año), TACI emprendía su camino a la búsqueda de un producto rentable. En los ejercicios anteriores a 1960 no se obtuvieron beneficios. Su catálogo inicial de estampación de piezas metálicas y máquina herramienta se encaminó hacia la cerrajería con la fabricación de candados tras la absorción de las fábricas de Basilio Mujika y de Letona. Pero esta actividad no duró más de dos años. En 1960 seguían aún sin un verdadero programa de trabajo. En esa búsqueda incluso llegaron a analizar la viabilidad de fabricar textiles o sanitarios. El despegue definitivo de la empresa llegó de la mano de José María Ormaetxea, a la sazón gerente de Ulgor. Su recomendación de concertar licencias de fabricación con empresas extranjeras fue la clave que permitió a Arrasate hallar el camino hacia el éxito.





