Díaz tenía, además de aparatos para escuchar frecuencias policiales y para distorsionar las comunicaciones propias, diversos documentos, manuales y publicaciones sobre la seguridad de Batasuna. Entre ellos, guardaba un cuadernillo titulado: «Las paredes oyen. La tecnología para el control social. Conocerla para combatirla».
En estos escritos, reflejados en el auto judicial, se realizan recomendaciones básicas de seguridad -con la advertencia de que «se han dejado de lado»-, indicaciones sobre el uso de teléfonos fijos y móviles, y normas para acudir a las reuniones, con indicación de lo que debe y no debe llevarse encima, o medidas de seguridad en el transporte. Pide a los militantes que eviten «carreteras peligrosas», que tengan preparado un argumento por si les paran en un control policial, y recuerda que los ordenadores deben ser limpiados de documentos de forma periódica en prevención de registros, al tiempo que alerta sobre el uso de terminales ajenas.
En el domicilio también tenía textos profesionales de seguridad y servicios secretos, reseñas sobre del Cesid y documentación judicial sobre la antigua central de espionaje española. Este hecho puede tener que ver con la relación de Díaz con la escuchas ilegales realizadas por el Cesid en la sede de Batasuna de Vitoria a principios de la década de los noventa.
Díaz disponía además en su vivienda, de dos aparatos barredores-detectores de frecuencias, un modem VCOM y un lector ZIP PRAH, aparatos que describe Garzón como «mecanismos electrónicos de distorsión y neutralización de la acción policial». En su listado de documentos intervenidos, Garzón también menciona «documentación sobre la negociación».
En cuanto al material incautado por la Policía en la vivienda de Asier Imaz, cabe destacar el hallazgo de «diferentes nóminas emitidas por PCTV-EHAK a su nombre», según indica el juez en su auto.






