GIPUTXIRENE
Los pollos bien
Desde que tengo uso de razón vengo oyendo hablar del «mal comportamiento del pollo». Cada vez que los precios suben y la inflación se dispara, como en la coyuntura actual, los expertos le ponen un cero en conducta a este inocente desplumado como culpable de todos los males de nuestra economía.
Entiendo que la prensa salmón aprecie poco la carne, pero pedirle educación y buenas maneras inflacionistas a un bicho que vive no más de siete semanas dentro de una nave industrial a media luz, hacinado entre congéneres y sin levantar la cresta, ¿no es demasiado pedir? Don Francisco de Quevedo, con su peculiar pesimismo barroco, poetizó sobre que «la cuna empieza a ser sepultura, y la sepultura, cuna a la postrera vida», mas el infausto pollo no tiene quien le escriba cosas tan lindas aun cuando el huevo empieza a ser tortilla y su esperanza de postrera vida es igual a cero una vez que entra en la cadena comercial. Con semejante panorama, no pretenda usted que se comporte como Froilán, Leonor y demás pimpollos de la familia real.
Es verdad que los oilaskoak con Eusko Label gozan de mayor horizonte vital, una buena alimentación y libertad de movimientos, pero no por eso la pueden piar con el tópico «¿Como aquí no se vive en ninguna parte!» porque mejor vidorra se dan los «pollos sin estrés» de la empresa gallega Coren, que acaban de recibir un premio internacional. Supongo que una característica del pollo sin estrés será que está totalmente desinformado sobre lo referente a la gripe aviar.
A nosotros, en cambio, el estrés nos afecta cuando leemos que Gipuzkoa encabeza la lista de provincias más inflacionistas según el último IPC. La inflación es una enfermedad del dinero que aqueja a los que tienen las defensas económicas más débiles, y sus primeros síntomas se notan en el súper: entras con los cincuenta euros de siempre y en menos que canta un gallo te los has fundido. Lo único que ahorras es tiempo.
El pasado mes los italianos hicieron huelga de comer pasta durante un día como protesta contra el encarecimiento de macarrones y espaguetis. Aquí, si la cosa sigue por los mismos derroteros, vamos a pasar cantidad de días sin pasta de la buena, así que puede que sea el momento de tomar ejemplo de los transalpinos y hacer algo que llame la atención de la autoridad competente contra el uso y el abuso de los precios. ¿El qué? Lo lógico, de acuerdo con nuestra dieta y carácter, sería montar un pollo pero ya estamos más que empachados de tanto jaleo así que déjalo.
Habrá crisis y tendremos que atarnos el cinturón, vale, pero mantengámonos alerta para que los listillos de siempre no nos traten como a pollos sin cabeza.
textizida@euskalnet.net
Entiendo que la prensa salmón aprecie poco la carne, pero pedirle educación y buenas maneras inflacionistas a un bicho que vive no más de siete semanas dentro de una nave industrial a media luz, hacinado entre congéneres y sin levantar la cresta, ¿no es demasiado pedir? Don Francisco de Quevedo, con su peculiar pesimismo barroco, poetizó sobre que «la cuna empieza a ser sepultura, y la sepultura, cuna a la postrera vida», mas el infausto pollo no tiene quien le escriba cosas tan lindas aun cuando el huevo empieza a ser tortilla y su esperanza de postrera vida es igual a cero una vez que entra en la cadena comercial. Con semejante panorama, no pretenda usted que se comporte como Froilán, Leonor y demás pimpollos de la familia real.
Es verdad que los oilaskoak con Eusko Label gozan de mayor horizonte vital, una buena alimentación y libertad de movimientos, pero no por eso la pueden piar con el tópico «¿Como aquí no se vive en ninguna parte!» porque mejor vidorra se dan los «pollos sin estrés» de la empresa gallega Coren, que acaban de recibir un premio internacional. Supongo que una característica del pollo sin estrés será que está totalmente desinformado sobre lo referente a la gripe aviar.
A nosotros, en cambio, el estrés nos afecta cuando leemos que Gipuzkoa encabeza la lista de provincias más inflacionistas según el último IPC. La inflación es una enfermedad del dinero que aqueja a los que tienen las defensas económicas más débiles, y sus primeros síntomas se notan en el súper: entras con los cincuenta euros de siempre y en menos que canta un gallo te los has fundido. Lo único que ahorras es tiempo.
El pasado mes los italianos hicieron huelga de comer pasta durante un día como protesta contra el encarecimiento de macarrones y espaguetis. Aquí, si la cosa sigue por los mismos derroteros, vamos a pasar cantidad de días sin pasta de la buena, así que puede que sea el momento de tomar ejemplo de los transalpinos y hacer algo que llame la atención de la autoridad competente contra el uso y el abuso de los precios. ¿El qué? Lo lógico, de acuerdo con nuestra dieta y carácter, sería montar un pollo pero ya estamos más que empachados de tanto jaleo así que déjalo.
Habrá crisis y tendremos que atarnos el cinturón, vale, pero mantengámonos alerta para que los listillos de siempre no nos traten como a pollos sin cabeza.
textizida@euskalnet.net





