Politica
Los islamistas de la 'operación Nova' niegan que planearan volar la Audiencia Nacional
La defensa presentó a los encausados como simples delincuentes comunes El juicio arrancó con contratiempos y fue suspendido en dos ocasiones
16.10.07 -

Un grupo de procesados, ayer en la Audiencia Nacional. [VÍCTOR LERENA / EFE]
MADRID. DV. Los islamistas de la célula nacida en la cárcel salmantina de Topas, el núcleo de la red acusada de tratar de volar la Audiencia Nacional con un camión bomba, negaron ayer haber planeado cualquier atentado en Madrid y tampoco admitieron su militancia yihadista. El juicio contra la organización desarticulada merced a la 'operación Nova' arrancó ayer en la Audiencia Nacional salpicado de multitud de contratiempos por la falta de medios técnicos a disposición del tribunal.
Las declaraciones de los primeros acusados permitieron descubrir la estrategia de defensa de los procesados: presentarse como simples delincuentes comunes, caídos en desgracia por sus relaciones con otros presos magrebíes en la cárcel. Y negar, sobre todo, cualquier vínculo con el emir del grupo, Abderraman Tahiri, más conocido como Mohamed Achraf, y con su organización terrorista, los Mártires para Marruecos.
La vista oral comenzó con el interrogatorio del argelino Mohamed Boukiri, para el que la Fiscalía reclama 27 años de cárcel porque le acusa de ser uno de los yihadistas que aceptó convertirse en mártir al volante del camión-bomba.
Boukiri negó haber enviado once cartas a Achraf en las que pedía instrucciones para hacer la guerra santa. El procesado, que aseguró que no sabe ni siquiera escribir, explicó que nunca se relacionó en Topas con islamistas porque «tomo pastillas todo el día, soy un yonqui y no conozco a nadie».
Con una estrategia muy parecida se exculpó el segundo de los acusados, Eddebdoudi Taoufik, que se enfrenta a once años de cárcel porque los confidentes policiales le sitúan como hombre de confianza de Achraf. Ayer negó haber mantenido una relación epistolar con el emir y sólo admitió haberle remitido en una ocasión una carta para pedirle dinero.
También negó ser el autor de la principal prueba de cargo que la Fiscalía esgrime contra él: una carta manuscrita dirigida a Achraf en la que pide que «Dios me haga luchador contra los enemigos del buen camino, como los hermanos de Chechenia».
Baanou Abdoulah, que se enfrenta a once años, y Mustafá Farjani, para quien la Fiscalía pide 27 años por ser uno de los islamistas dispuestos a inmolarse en la Audiencia Nacional, insistieron en desvincularse de Achraf, aunque Abdoulah sí admitió haberse carteado con el emir, pero sólo sobre cuestiones de religión.
Numerosos problemas
El juicio, el segundo más importante de España contra las redes terroristas yihadistas tras el celebrado por los atentados del 11-M, comenzó a duras penas, víctima de todo tipo de problemas. El presidente del tribunal, Alfonso Guevara, tuvo que suspender en dos ocasiones la sesión para que los técnicos subsanaran los problemas de sonido de la sala, que impedían que los propios procesados escucharan las acusaciones contra ellos. El magistrado, ante la caótica situación, llegó incluso a amenazar con suspender la vista.
La acústica no fue el único despropósito. Veinte de los treinta encausados fueron hacinados en el interior de la celda de cristal blindado de no más de 15 metros cuadrados. En la minúscula sala de vistas, diseñada para no más de cinco o seis acusados, los otros diez imputados tuvieron que sentarse a escasos metros del tribunal, por lo que la Policía prefirió mantener a varios de ellos esposados.
Lejos del despliegue de medios técnicos exhibido durante el juicio del 11-M celebrado en la sala especial de la madrileña Casa de Campo, donde el magistrado Guevara formó parte del tribunal, en la sede principal de la Audiencia Nacional no hubo ayer ni siquiera enchufes para que los abogados conectaran los ordenadores en los que archivan los miles de folios del complejo sumario.
Desde el inicio de la vista oral, muchos de los procesados que no entienden castellano protestaron por la imposibilidad de seguir el juicio, ya que ni hay ni está previsto que haya un sistema de traducción simultáneo. Frente al despliegue políglota del que gozó el tribunal encargado del 11-M, la Sección Tercera de lo Penal sólo dispuso ayer de un intérprete de árabe que traducía, desde el mismo micrófono utilizado por el interrogado, sólo el testimonio del declarante, pero ni una palabra del resto del juicio.
Ya en la sesión vespertina, los 'duendes' se cebaron con la informática y con la gran pantalla de plasma en la que se reproducen los documentos para que sean vistos por los acusados y el público. Al final, el magistrado resolvió el problema de una manera imaginativa a la par que insólita: mostró los documentos a los imputados desde la pantalla de su propio ordenador portátil. COLPISA
Las declaraciones de los primeros acusados permitieron descubrir la estrategia de defensa de los procesados: presentarse como simples delincuentes comunes, caídos en desgracia por sus relaciones con otros presos magrebíes en la cárcel. Y negar, sobre todo, cualquier vínculo con el emir del grupo, Abderraman Tahiri, más conocido como Mohamed Achraf, y con su organización terrorista, los Mártires para Marruecos.
La vista oral comenzó con el interrogatorio del argelino Mohamed Boukiri, para el que la Fiscalía reclama 27 años de cárcel porque le acusa de ser uno de los yihadistas que aceptó convertirse en mártir al volante del camión-bomba.
Boukiri negó haber enviado once cartas a Achraf en las que pedía instrucciones para hacer la guerra santa. El procesado, que aseguró que no sabe ni siquiera escribir, explicó que nunca se relacionó en Topas con islamistas porque «tomo pastillas todo el día, soy un yonqui y no conozco a nadie».
Con una estrategia muy parecida se exculpó el segundo de los acusados, Eddebdoudi Taoufik, que se enfrenta a once años de cárcel porque los confidentes policiales le sitúan como hombre de confianza de Achraf. Ayer negó haber mantenido una relación epistolar con el emir y sólo admitió haberle remitido en una ocasión una carta para pedirle dinero.
También negó ser el autor de la principal prueba de cargo que la Fiscalía esgrime contra él: una carta manuscrita dirigida a Achraf en la que pide que «Dios me haga luchador contra los enemigos del buen camino, como los hermanos de Chechenia».
Baanou Abdoulah, que se enfrenta a once años, y Mustafá Farjani, para quien la Fiscalía pide 27 años por ser uno de los islamistas dispuestos a inmolarse en la Audiencia Nacional, insistieron en desvincularse de Achraf, aunque Abdoulah sí admitió haberse carteado con el emir, pero sólo sobre cuestiones de religión.
Numerosos problemas
El juicio, el segundo más importante de España contra las redes terroristas yihadistas tras el celebrado por los atentados del 11-M, comenzó a duras penas, víctima de todo tipo de problemas. El presidente del tribunal, Alfonso Guevara, tuvo que suspender en dos ocasiones la sesión para que los técnicos subsanaran los problemas de sonido de la sala, que impedían que los propios procesados escucharan las acusaciones contra ellos. El magistrado, ante la caótica situación, llegó incluso a amenazar con suspender la vista.
La acústica no fue el único despropósito. Veinte de los treinta encausados fueron hacinados en el interior de la celda de cristal blindado de no más de 15 metros cuadrados. En la minúscula sala de vistas, diseñada para no más de cinco o seis acusados, los otros diez imputados tuvieron que sentarse a escasos metros del tribunal, por lo que la Policía prefirió mantener a varios de ellos esposados.
Lejos del despliegue de medios técnicos exhibido durante el juicio del 11-M celebrado en la sala especial de la madrileña Casa de Campo, donde el magistrado Guevara formó parte del tribunal, en la sede principal de la Audiencia Nacional no hubo ayer ni siquiera enchufes para que los abogados conectaran los ordenadores en los que archivan los miles de folios del complejo sumario.
Desde el inicio de la vista oral, muchos de los procesados que no entienden castellano protestaron por la imposibilidad de seguir el juicio, ya que ni hay ni está previsto que haya un sistema de traducción simultáneo. Frente al despliegue políglota del que gozó el tribunal encargado del 11-M, la Sección Tercera de lo Penal sólo dispuso ayer de un intérprete de árabe que traducía, desde el mismo micrófono utilizado por el interrogado, sólo el testimonio del declarante, pero ni una palabra del resto del juicio.
Ya en la sesión vespertina, los 'duendes' se cebaron con la informática y con la gran pantalla de plasma en la que se reproducen los documentos para que sean vistos por los acusados y el público. Al final, el magistrado resolvió el problema de una manera imaginativa a la par que insólita: mostró los documentos a los imputados desde la pantalla de su propio ordenador portátil. COLPISA




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