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RSS | ed. impresa | Regístrate | 3 diciembre 2008

Política

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El Gobierno ve con inquietud el empate técnico con el PP en las encuestas
Atribuye que se mantengan las opciones de Rajoy a la oposición agresiva en temas sensibles Considera la abstención el mayor enemigo a batir
15.10.07 -
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MADRID. «A nuestros electores les cuesta mucho ponerse en actitud electoral». Con esta frase, José Luis Rodríguez Zapatero ha tratado de minimizar ante los suyos los datos de unas encuestas, propias y ajenas, que hablan de empate técnico con el PP a apenas cinco meses para las generales. Su círculo de colaboradores admite sin embargo que la «resistencia» del principal partido de la oposición es inquietante. No entraba dentro de los análisis gubernamentales que a estas alturas de la legislatura Mariano Rajoy fuera un hueso tan duro de roer. Aún así, aseguran que la sensación de que no hay nada ganado será el mejor aliado contra su principal enemigo: la abstención.

La dirección del PSOE asegura que, siempre y cuando aumente la movilización del electorado de izquierdas -lo que no se logró en las autonómicas y municipales de mayo cuando los populares aventajaron por unos 158.000 votos a los socialistas-, el partido estará ganado. Se apoyan en que los indicadores son mucho mejores de lo que eran en 2003 por estas mismas fechas. Pero también confiesan que en ningún caso llegarán a la apabullante mayoría absoluta de 176 diputados cosechada por José María Aznar en el 2000. Su máxima aspiración es alcanzar 172 escaños para gobernar sin apoyos externos.

La batalla será cruenta. Tanto, según uno de los principales asesores del presidente del Gobierno, como la de 1996. A su juicio, se dan muchas similitudes entre la actuación que mantuvo el PP en la última legislatura socialista y la actual: una oposición muy agresiva con temas muy sensibles como la política antiterrorista o el modelo de Estado para mantener tensionadas a sus bases; un intento de deslegitimar al Ejecutivo por el modo en que accedió al poder, en este caso el 11-M, y la creación de un ambiente crispado que genere desconfianza hacia la clase política en su conjunto, a sabiendas de que el electorado más abstencionista es el del PSOE.

Aznar ganó. Por menos de 300.000 votos, pero ganó. Y la causa principal fue que tres millones de votantes socialistas se quedaron en casa. Los socialistas confían en que esta vez la estrategia no funcione. Aseguran que, en realidad, nunca lo hizo. Que fue un golpe de suerte. La prueba, dicen, está en que el verdadero crecimiento del PP se produjo en una situación de tranquilidad, tras una legislatura de entendimiento con las fuerzas nacionalistas y un proceso de paz fracasado a sus espaldas. A eso hay que añadir que el PSOE tenía, en palabras de Felipe González, «dos candidatos que no eran ni medio», en alusión a Josep Borrell y Joaquín Almunia.

«Ahora es al PP al que le falla el candidato y, si se pasan de frenada, movilizarán a los nuestros», apuntan. Con todo, muchos socialistas confiesan que no contaban con que el principal partido de la oposición mantuviera el tipo como lo ha hecho. Y se lamentan de que, en apenas tres meses, el Gobierno haya perdido la ventaja que, de acuerdo con los sondeos, logró Zapatero con su actuación en el debate sobre el estado de la Nación y la remodelación de su gabinete a principios de julio. Algunos temen además que los populares sepan rentabilizar retos como el plan Ibarretxe, la ofensiva de ETA o la desaceleración económica.

Calma y normalidad

El jefe del Ejecutivo insiste en que el mejor antídoto para neutralizar a los populares es la tranquilidad. Cree que le corresponde transmitir a los ciudadanos un mensaje de calma y normalidad. De ahí que en el Consejo Territorial celebrado este sábado en Toledo identificara al PSOE con la «España tranquila».

Zapatero defiende que aún falta mucho para la contienda electoral y que es pronto para calentar el ambiente con la precampaña porque se corre el riesgo de cansar a los ciudadanos. Es el momento, dice en cambio, de poner en tensión al partido, y en ello se ha empeñado el secretario de Organización, José Blanco, en su reciente gira por todas las federaciones.

Los dos principales objetivos socialistas son Andalucía y Cataluña. Madrid no les preocupa porque, aunque fue el territorio responsable de que el PSOE perdiera las municipales -uno de cada cinco votos logrados por el PP en aquellos comicios provino de la comunidad autónoma gobernada por Esperanza Aguirre-, esa diferencia de papeletas apenas representaría en las generales, por caprichos del sistema electoral y la ley D'Hont, dos o tres escaños más. COLPISA

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