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Cierran en Madrid un mes un 'piso patera' tras recibir 30 denuncias de la comunidad
07.10.07 -
El artículo 7.2 de la Ley de Propiedad Horizontal también ha inspirado una sentencia dictada recientemente por la Audiencia de Madrid que ordena precintar durante un mes un piso patera del barrio madrileño de Usera. El juez atendía así las más de 30 denuncias interpuestas por los vecinos del inmueble, cansados del constante trasiego de personas tanto de día como de noche. Según sus testimonios, en los escasos 70 metros del domicilio se hacinaban en ocasiones más de 15 personas.
El calvario de estas diez familias comenzó el día en el que, hace unos siete años, uno de los vecinos alquiló el piso a otra persona que, a su vez, la subarrendaba a inmigrantes por unos 200 euros. «Los ruidos eran insoportables. Se oían carreras por la casa, cómo corrían las camas por las noches, por no hablar de los frecuentes altercados...», relata un vecino.
En la casa, los inmigrantes se acomodaban donde podían: las habitaciones acogían tres hileras de literas e incluso la cocina o el pasillo servían de improvisado dormitorio. La terraza, al parecer, había sido habilitada como armario.
Hartos de las constantes molestias, la comunidad comenzó a interponer denuncias. «Y por fin nos han dado la razón», se felicitan. Tal era su desesperación, que llegaron a contratar un detective privado con el fin de demostrar que el piso era un hostal encubierto y lograr así su clausura por carecer de licencia de actividad. Pero tampoco esta vía dio resultado y, al final, un tribunal ha reconocido las molestias que el piso patera generaba a la comunidad.
El calvario de estas diez familias comenzó el día en el que, hace unos siete años, uno de los vecinos alquiló el piso a otra persona que, a su vez, la subarrendaba a inmigrantes por unos 200 euros. «Los ruidos eran insoportables. Se oían carreras por la casa, cómo corrían las camas por las noches, por no hablar de los frecuentes altercados...», relata un vecino.
En la casa, los inmigrantes se acomodaban donde podían: las habitaciones acogían tres hileras de literas e incluso la cocina o el pasillo servían de improvisado dormitorio. La terraza, al parecer, había sido habilitada como armario.
Hartos de las constantes molestias, la comunidad comenzó a interponer denuncias. «Y por fin nos han dado la razón», se felicitan. Tal era su desesperación, que llegaron a contratar un detective privado con el fin de demostrar que el piso era un hostal encubierto y lograr así su clausura por carecer de licencia de actividad. Pero tampoco esta vía dio resultado y, al final, un tribunal ha reconocido las molestias que el piso patera generaba a la comunidad.





