
Con esta iniciativa la capital guipuzcoana se suma al compromiso de cumplimiento del protocolo de Kyoto por el que las instituciones firmantes se obligan a reducir en un 8% las emisiones de gases de efecto invernadero (Geis) respecto a 1990. El documento que acaba de aprobar el gobierno municipal va a ser sometido a un intenso proceso de participación ciudadana antes de su validación definitiva por el Pleno del Ayuntamiento a finales de año.
El trabajo ha sido realizado por técnicos de diferentes departamentos municipales y por entidades de la UPV con la participación de asociaciones medioambientales, y tiene su origen en el I Plan de Acción Local de la Agenda 21 Local (2004-07). Gracias al trabajo realizado en los últimos años, la ciudad se ha provisto de un inventario de emisiones de CO2, que hace un diagnóstico aproximado de la producción de gases de efecto invernadero por sectores en el municipio. El 44% de las 1.208.183 toneladas de CO2 son causadas por la industria, el resto se debe a los denominados «sectores difusos» -transporte, vivienda, servicios y residuos- sobre los que el Ayuntamiento tiene competencias y, por tanto, puede actuar.
Reducir y compensar
El I Plan Local contra el Cambio Climático aboga por trabajar en tres frentes: reducir las emisiones, compensar las que se produzcan -tender hacia la «emisión neutra de carbono», es decir lograr absorber tanto CO2 como el que se emite- y planificar a largo plazo para adaptar urbanísticamente la ciudad hacia un desarrollo sostenible.
Ignorada la industria, los principales generadores de Geis en Donostia son el tráfico -36%-, el sector residencial -33%- y los servicios -28%-, quedando en un 3% la proporción de emisiones que supone la eliminación de las basuras. El Ayuntamiento es consciente de la contaminación ambiental creciente que supone el transporte y se va a dotar de un Plan de Movilidad Urbana Sostenible, que descansará en las políticas ya iniciadas de limitación del uso del vehículo privado, la potenciación de los itinerarios peatonales y la bicicleta, así como el desarrollo del transporte público. Este capítulo detalla 52 medidas a poner en marcha, como la creación de un título único de transporte metropolitano, el diseño de nuevas líneas de autobús, el fomento de los biocombustibles, la compra de vehículos híbridos, la adaptación de las tarifas de los aparcamientos a la política de movilidad, la puesta en marcha de planes de movilidad hacia los centros de trabajo, la obligación de crear espacios en los nuevos edificios para guardar bicicletas y campañas de sensibilización orientadas a cada sector.
Todas estas medidas y las de los demás capítulos «no serán un brindis al sol», según aseguró el concejal de Medio Ambiente, Denis Itxaso, ya que el Plan contará con una «memoria económica que nos dirá cuánto cuesta y cómo se va a luchar contra el cambio climático en la ciudad».
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