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RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

Cultura

LA CRÍTICA
Alma de Blues
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Bueno, conforme. Los peros que se pueden achacar a Honeydripper son absolutamente ciertos. Se hace un poco larga (123 minutos) y su trama fundamental se ve venir de lejos y no sorprende. Admitido esto, sentémonos y disfrutemos del espectáculo.

Lo último de ese buen tipo que es John Sayles ofrece muchos motivos para el goce, además de ir de menos a más y dejar al espectador con una sonrisa en la boca. Honeydripper es el nombre de un bar con música en la Alabama de 1950. Un bar de y para negros, cercano a los campos de algodón. Un local decadente regentado por el pianista Tyrone 'Pinetop' Purvis (tremendo Danny Glover), que depende del éxito del concierto del próximo sábado para sobrevivir o tener que echar el cierre.

Sayles dibuja con estética brillante y unos diálogos casi perfectos unos personajes a los que deja respirar, crecer, mostrarse como son y contar historias. Y, oh, Dios, qué bien cuentan sus historias estos negros.

Por momentos, Honeydripper parece una estupenda lección de historia musical. Y es una gozada ver a los niños jugando a ser músicos. Y asistir a la aparición de la guitarra eléctrica y la transición entre el blues y el rockanroll. E imaginar, junto con Tyrone / Danny Glover, cómo sería aquel mágico encuentro entre el primer músico negro y un piano. El piano estaría en el salón de sus amos, que tocarían con él minués. El negro llegado de Africa se acercaría a ese precioso instrumento y pensaría: «Señor, ayúdame. Podría hacer cosas maravillosas con eso».

No es estrictamente Honeydripper una película musical, aunque la música es su columna vertebral. Desde el blues estrictamente tradicional cantado por la vieja dama Bertha Mae (Mable John) hasta el concierto final del vagabundo Sonny (Gary Clark), el ritmo cadencioso del filme lo marca el blues. En cada fotograma, en cada personaje, está la música como placer, como expresión de dolor, como redención, como juego. Un guitarrista ciego que dice las verdades asegura tocar la segunda guitarra que se fabricó en el mundo. La primera era para el diablo.



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