Lemmons considera que sobre este asunto pivota el eje central de la película: «Los dos personajes tienen la misma educación, pero cada uno escoge formas distintas de ir contra el sistema. Petey habla desde su experiencia directa, mientras que Dewey se dio cuenta de que había una forma distinta. Pensé que era muy interesante explorar ese aspecto típico de cualquier lucha. Debatir sobre si un sistema se puede cambiar desde dentro o si es el sistema el que cambia a las personas hasta integrarlas es una cuestión eterna». El actor Chiwetel Ejiofor, por su parte, admite que el filme «quizás no ofrezca soluciones a este cuestión, pero al menos trata de explorarlo».
El ascenso y caída de un ex delincuente convicto en el mundo de la radio comercial de Washington, narrado al ritmo de los temas de Sam Cooke, las Supremes y otros artistas de la legendaria discográfica Motown, permite además poner sobre la mesa cuestiones ciertamente relegadas en Estados Unidos -no tanto por estas latitudes-, como pueda ser la efectividad de las manifestaciones y de la presión popular sobre los gobiernos. «Creo que la historia permanece vigente -afirma Lemmons-. Mi actitud fue hacer la película lo más actual posible. La gente no puede creer que esas cosas hayan pasado hace tan poco tiempo. Estamos viviendo una época muy violenta. La película ayuda a entender lo que está pasando hoy en día, pero sobre todo es una historia sobre los personajes. Tiene su trasfondo y su contexto, pero sobre todo es una película sobre dos seres humanos».
«Ahora hay desgana»
Ejiofor coincide en que «hoy en día el contexto es diferente en cuestiones importantes. Hay cosas que han cambiado, nuestra forma de percibirlas, las manifestaciones, la radio, la libertad, los derechos humanos han cambiado. Donde antes había movimientos que animaban a la gente a ir a la calle, ahora hay desgana. Es bonito acordarse de que hubo un tiempo en el que la gente llevaba sus quejas a la calle. Hoy en día no pasa tanto, sino que nos encerramos más en casa».
El período histórico retratado en la cinta abarca desde 1966 a 1982. «En 1967, hubo más de veinte manifestaciones que provocaron miedo en el Gobierno a que hubiera una revolución. Hoy en día, casi resulta inimaginable. No sabemos qué haría falta para que se desatara una revolución en Estados Unidos. Hay mucha gente descontenta pero no sabe qué puede hacer. Es interesante recordar que hubo un tiempo en el que sí que el Gobierno tuvo miedo a una revolución y en el que la gente pensaba que tenía poder», asegura la directora.
El actor, que interpreta a Dewey Hugues, añade otro elemento: La guerra fría. «Fue un tiempo paranoico en EE UU. En Washington se llegaron a construir unas carreteras especiales para abandonar la ciudad en caso de ataque nuclear. Hoy en día resulta difícil imaginar un gobierno que va a tener tanto miedo, pero en aquel entonces existió. Con este tipo de presión, un gobierno puede hacer cualquier cosa. Ahora sabemos muchas cosas y operaciones encubiertas. No hace falta mucha imaginación para saber que hubo cosas secretas». Sobre su experiencia con Don Cheadle, Chiwetel Ejiofor asegura que «es un actor excepcional y una persona muy carismática. Es muy fácil trabajar con Don. Tenemos una forma muy parecida de trabajar, lo cual ha facilitado una intensa relación».
La brecha económica
En Estados Unidos, el conflicto racial permanece vivo y latente, y se manifiesta en periódicos estallidos de violencia. El hecho de que sea la única minoría que fue llevada a la fuerza puede tener algo que ver, aunque Ejifor discrepa de esta visión: «No creo que los latinos y los asiáticos estén más integrados. Algunos incluso están más marginados que los negros. Nueva York o Chicago son un buen ejemplo de integración».
Kasi Lemmons también coincide en que«existe integración, pero a la vez hay distanciamiento entre comunidades, más que nada, por razones económicas. Hay divisiones muy grandes pero tienen mucho que ver con motivos económicos. En ciudades como Los Ángeles, por ejemplo, la cosas están muy polarizadas. Hay gente que nunca ha ido a Hollywood o a la playa».
La visión de la película remite inevitablemente a Spike Lee. «Podría haber sido el director perfecto para esta película, pero yo fui contratada para hacer una película mía, no una de Spike Lee. En todo caso, me han dicho que le ha gustado», afirma Lemmons. La entrevista concluye con una pregunta-broma, recordándoles a ambos que es tradición en el Zinemaldia que los artistas estadounidenses aprovechen sus comparecencias ante la prensa para arremeter contra la Administración Bush. Ha llegado el momento. Lemmons y Ejiofor ríen. «Todos estamos deseando que lleguen las próximas elecciones», reconoce la primera. «Estoy de acuerdo, siempre que se produzca el resultado adecuado», matiza el segundo. Xxx









