SAN SEBAsTIÁN. DV. Las mareas vivas alcanzan en algunas zonas de la Tierra amplitudes de hasta veinte metros. En la bahía de Fundy, en la costa Este de Canadá, las pleamares son espectaculares. La bahía tiene alrededor de 275 kilómetros de longitud y 80 de anchura. Pepo Cid afirma que la forma, orientación y poca profundidad de esta bahía se combinan para dar lugar a las mareas más altas del mundo, que se elevan veinte metros. El oleaje produce una gran ola encrestada en la parte inferior del río Petitcodiac, en New Brunswick. En la desembocadura del río St. John la rapidez de la marea crea una catarata invertida, con el agua remontando el cauce del río. Las mareas de Fundy tienen potencial para producir gran cantidad de energía hidroeléctrica. «Cuando la marea ha terminado de subir, cierran una especie de presas o compuertas que posteriormente las abren. Ese agua acumulada, en su retorno de nuevo al mar genera una fuerte corriente que es aprovechada para generar energía eléctrica», afirma Cid.
En el sur de Argentina, en Río Gallegos, las mareas suben dieciocho metros. Por ello, algunos buques que calan poseen un casco plano, capaz de soportar el peso del barco cuando están en seco sin tumbarse.
Más cerca, en Normandía, las extraordinarias mareas en el Atlántico pueden llegar a superar los catorce metros. En Mont Saint-Michel, las aguas se retiran varias decenas de kilómetros mar adentro y dejan al descubierto más de 25.000 hectáreas de arenales, regueros y fangales. La leyenda cuenta que la marea asciende a la velocidad del galope de un caballo.