
Los Príncipes entraron al histórico edificio universitario de Deusto ante los aplausos de dos centenares de ciudadanos que esperaban su llegada y que fueron el contrapunto de unas sesenta personas que desde el otro lado de la ría del Nervión intentaron boicotear su presencia en la capital vizcaína.
Don Felipe habló de la cuestión que le había traído junto a Doña Letizia hasta Bilbao, el cáncer, y trasmitió, en nombre de los dos, su cariño y respaldo a todos los «enfermos que están sufriendo en estos momentos. Que sepan que estamos con ellos, que les tenemos muy presentes», puntualizó.
Acompañados por el ministro de Sanidad, Bernat Soria, los Príncipes presidieron la entrega de ayudas a cuatro proyectos de investigación oncológica, a desarrollar en tres años y dotados con 300.000 euros, y a otro más sobre cáncer infantil que será posible gracias a los 150.000 euros que aportará la Fundación Sergio García. Además, se entregaron las ayudas-contrato a doctores investigadores que desarrollan su labor en centros de distintas partes de la geografía española.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando la familia del fallecido esquiador ganador del oro olímpico, Paquito Fernández Ochoa, y la modelo y presentadora, Sandra Ibarra, (que superó la dolencia después de muchos años de lucha) recibieron un homenaje de la AECC.
A su llegada a la Universidad de Deusto, recibieron a los Príncipes el consejero de Sanidad del Gobierno Vasco, Gabriel Inclán; el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, y el rector de la universidad, Jaime Oraá. En el atrio del centro un dantzari dio la bienvenida a los Príncipes con un aurresku.
'Edificio Vital'
Por la mañana, los Príncipes habían estado en Vitoria, donde, junto al lehendakari Ibarretxe, inauguraron la nueva sede de Caja Vital. Allí estuvieron también la presidenta del Parlamento, Izaskun Bilbao; el alcalde de Vitoria, Francisco Javier Lazcoz (PSE), y el delegado del Gobierno, Paulino Luesma, entre otros.
Los Príncipes pudieron ver el trabajo de los arquitectos locales, Javier Mozas y Eduardo Aguirre, cuya obra representa un código genético de un organismo vivo, y se encuentra a las afueras de la ciudad, frente al Pabellón donde juega del Tau de baloncesto. Con un presupuesto de 31 millones de euros, el resultado es un edificio que, con 88 pilares, tiene una fachada de acero inoxidable y vidrio oscuro y recuerda a los troncos y juncos del humedal junto al que se ubica. El complejo, en una superficie de 16.000 metros cuadrados, dispone de un auditorio de 200 butacas, una sala polivalente, catorce despachos y 24 salas de formación. El nuevo edificio acogerá a 220 empleados a partir del próximo mes. EFE





