Desde el punto de vista práctico, podríamos hacer las siguientes recomendaciones generales: 1.Mantenerse activo intelectualmente reduce el riesgo de demencia. No todas las actividades son igual de eficaces. La participación en juegos de mesa, la lectura, la interpretación de algún instrumento musical, el baile o la resolución de crucigramas y puzzles son más positivas que la escritura o las tertulias. Todos tenemos una «reserva cognitiva» que puede potenciarse con estas actividades tan sencillas. El ejercicio mental es un medio para aumentar las conexiones entre las neuronas y promover el desarrollo de nuevos circuitos. 2. Las personas que realizan ejercicio físico con regularidad pierden menos tejido cerebral al hacerse mayores. El ejercicio estimula la formación de nuevas neuronas a partir de las células madre del cerebro. 3. Debe evitarse el estrés. El estrés reduce la neurogénesis en animales de experimentación. 4. Es aconsejable seguir una dieta baja en calorías y en sal, que se asocia a una mayor formación de nuevas células nerviosas y a un alargamiento de la vida en animales. El proyecto Kame mostró que el consumo de fruta y verdura reducía el riesgo de sufrir Alzheimer. Se ha visto lo mismo con dieta mediterránea rica en omega-3.
No me gustaría que nadie pensara que siguiendo estas recomendaciones está libre de sufrir Alzheimer, Parkinson o una trombosis cerebral. Por desgracia, existen otros factores implicados que no podemos controlar. No obstante, es aconsejable hacer ejercicio, leer, jugar a las cartas, resolver crucigramas, bailar y hacer dieta mediterránea. Al fin y al cabo, no parece difícil.















