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RSS | ed. impresa | Regístrate | 10 febrero 2010

Economía

ECONOMÍA
Los directivos hacen piña
Kutxa ha reunido esta semana a 350 directivos en unas jornadas para tratar de potenciar una cultura común de liderazgo de personas
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Los directivos hacen piña
Directivos de Kutxa se dirigen en topo al recinto ferial Ficoba, en Irun, donde se desarrollaron las jornadas. [DV]
SAN SEBASTIÁN. DV. Escalar las catorce montañas más altas del planeta o dirigir las mejores orquestas del mundo, máxime cuando la que está a la batuta es una mujer, pueden considerarse retos difícilmente superables. Y sin embargo, nunca se termina de llegar a la cima porque siempre hay otras montañas, otros retos.... Hazañas que se convierten en metáforas de la propia vida, del esfuerzo por superarse, por alcanzar objetivos y de hacerlo en equipo. Donde no todo vale. Donde cuenta el estilo, el liderazgo y, por supuesto, la capacidad de leer y expresar emociones. Estas y otras reflexiones realizadas desde la humildad y sabiduría de personas como Alberto Iñurrategi, Inma Sara, Pedro Luis Uriarte o Pedro Miguel Etxenike adquieren también una dimensión especial en el ámbito empresarial.

Lecciones magistrales que se entrelazaron con otras estrictamente económicas, en un escenario, Ficoba, y con un auditorio un tanto especial, 350 directivos de Kutxa. Lejos de sus despachos, y en una mezcla de acentos -venidos de toda la geografía española-, han compartido esta semana dos jornadas denominadas de integración emocional. Todo un reto en sí mismo.

De hecho, y en un intento de lanzar un guiño al compromiso medioambiental por parte de Kutxa, la mayoría de los directivos se trasladaron al recinto ferial en un topo especialmente fletado por Eusko Tren para la ocasión. Una buena manera, además, de iniciar la integración emocional, compartir asiento en un transporte público con tu compañero de despacho.

Las jornadas pretendían, además, generar en los participantes un sentido de la responsabilidad en el desempeño de la función directiva y potenciar una cultura común de liderazgo de personas. Y de liderazgo habló el subdirector de Kutxa, Jesús María Iturrioz, quien abordó en clave interna la influencia que se espera ejerza el liderazgo en el impulso comercial. Pero también lo hicieron otras personalidades del mundo empresarial y económico, artístico y deportivo. El director de proyectos Especiales del Pacto Mundial de Naciones Unidas, Manuel Escudero, lo abordó, por ejemplo, desde las perspectivas globales de la responsabilidad social empresarial y sus implicaciones para el liderazgo social de Kutxa.

Pero además de los discursos, las jornadas contaron con dos invitados de lujo, que hablaron de su experiencia en el liderazgo de equipos: la directora de orquesta Inma Sara y el alpinista Alberto Iñurrategi, bajo la batuta del experto y gurú Juan Carlos Cubeiro, que puso el marco teórico.

De hecho, en la segunda jornada los directores se empaparon de la palabra talento, la llave del éxito. Así, se pudieron escuchar frases como la de que el «talento cuando lo ves lo reconoces», por ejemplo en Fernando Alonso, Rafa Nadal, Dani Pedrosa o Pau Gasol. ¿Y si nos ponemos a definirlo? Pues cuesta hacerlo, según Cubeiro, porque hay distintos talentos, pero lo que sí está claro es que talento es «saber poner en valor algo».

Pero sólo el talento no es suficiente, se requiere, lo que los expertos denominan emoción del talento, es decir, capacidad y compromiso en un entorno adecuado. Y el compromiso, en palabras de Cubeiro, tiene que ser espiritual, mental, emocional y físico. Todo ello lleva a una conclusión: «De nuestro liderazgo depende la capacidad de leer y expresar las emociones», porque el talento va más allá de la inteligencia. «El talento colectivo es saber generar sinergias».

Emoción a raudales

Toda una clase magistral sobre cómo liderar desde la innovación, que tuvo su contrapunto emocional en las palabras de Alberto Iñurrategi. El alpinista atxabaltarra logró contagiar la ilusión de quien mira la cima de la montaña no como un objetivo a alcanzar sino como un reto en el que uno se va descubriendo a sí mismo y es capaz de superar límites insospechados, «pero en el que tanto como el llegar cuenta el cómo se hace, el estilo».

Recordó la frase atribuida a Mallory de que subió al Everest «porque estaba ahí». Es decir, porque suponía un reto, un desafío, una provocación. «Pero yo escalo porque me emociona», relató. Una emoción que empezó con el primer ochomil, allá por el año 1989 y que siguió con el siguiente, así hasta alcanzar los catorce, pero con un momento crucial, como fue la pérdida de su hermano Félix cuando descendían tras hacer la cima número doce. «Si nos hubiéramos plantado en once podría discutir hoy con Félix. Lo perdí en el doce. Hicimos cumbre, qué magia. Fue la cumbre más cara. Preferiría que hubiese sido fallida. Bajó Félix cinco minutos más tarde que yo. La cuerda se rompió».

Recordó que la vuelta al Himalaya fue muy dura. «Fue empezar de nuevo, superarme a mi mismo, a la emoción, a la montaña...». Todo un reto.

Explicó que desde el principio ha habido dos claves en la carrera alpinista de los dos hermanos Iñurrategi: la iniciativa y el estilo, un estilo propio. Una de las características de este estilo es que las expediciones la componían equipos más pequeños de los habituales, ligeros y flexibles, de modo que todos los integrantes aspirasen a la cumbre. «Ese es el elemento más importante de la cohesión. Equipos en los que cada uno lidere su propio proyecto bajo un objetivo común».

Habló de la lección que nos ofrece la montaña, fundamentalmente la humildad, dijo. Y destacó tres aspectos: hacer uso racional en la capacidad de adaptación, aceptar los riesgos y hacer las cosas midiéndolas, «porque los últimos metros son los que requieren un mayor impulso».

Y de la magia y el reto de la montaña a la de la música o mejor dicho, la de dirigir-liderar las mejores orquestas del mundo. Pese a su juventud, la gazteiztarra Inma Sara cuenta con una dilatada trayectoria profesional al frente de equipos humanos. «Hoy en día el concepto de liderazgo es una cuestión moral, donde existe un compromiso sincero. No sólo son necesarios puentes profesionales sino afectivos», dijo. «Hay que generar sentimientos de identidad y motivar a la orquesta, pero sólo si tu lo sientes».

Inma Sara salpimentó su discurso con varias anécdotas. Así, recordó que en la Orquesta de Chequia había un músico que era muy divo y al que nadie soportaba. «Era muy bueno, pero no sabía funcionar en equipo. En vez de prescindir de él fomenté con él el trabajo en equipo. Le dije que era el mejor músico que había escuchado en mi vida. Sacié su divismo y a partir de ahí ya no hubo problemas».

También relató que otro de los retos que ha tenido que afrontar fue dirigir la Orquesta de Israel, que por su cultura, no están acostumbrados a que la lidere una mujer. Finalmente, recordó una frase de Cubeiro: «La razón guía pero los sentimientos movilizan».

En un tono más económico intervinieron en las jornadas el presidente de Kutxa, Carlos Etxepare, quien habló sobre el cumplimiento y perspectivas del Plan Hamar, que culminará en 2010, así como los subdirectores Carlos Tamayo y Xabier Alkorta, que disertaron sobre el marco financiero y de la gestión en la nueva situación del mercado.

El colofón lo puso el ex consejero delegado del BBVA y presidente de la recién constituida Agencia Vasca de la Innovación, Pedro Luis Uriarte, quien analizó las Claves críticas para la estrategia empresarial futura. Destacó que además de las vías clásicas de transformación empresarial, existe otra al alcance de todos los integrantes de una empresa, como es la de «su propia transformación personal, que debe asumirse y abordarse por todos aquellos que conciban la empresa como su proyecto de vida».
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