
Lucio, que hace unos meses estuvo en Oñati narrando su rocambolesca e increíble historia, ha tenido una vida de película, plagada de aventuras que ahora podrá verse en la gran pantalla. Anarquista recalcitrante, albañil de profesión, la actividad libertaria de este navarro nacido en Cascante hace 73 años, generalmente desde la clandestinidad, le hizo popular, sobre todo tras conseguir estafar más de 3.000 millones de pesetas Al First National City Bank norteamericano con la falsificación de cheques de viaje de la American Express.
Pero todo este dinero no cayó en sus bolsillos, sino en las manos de los grupos anarquistas y organizaciones de izquierdas que luchaban contra dictaduras y persecuciones y que se asentaban en suelo francés.
Entrevistas y archivo
Sus primeras ilegalidades comenzaron en la frontera, en Valcarlos, cuando pasaba de contrabando productos franceses a España. Después de un par de sustos con la justicia tuvo que exiliarse en París a mediados de los años 50. Allí convivió con el mítico Quico Sabaté, quien le introdujo en la causa del anarquismo. Su vida está repleta de acciones cada cual más increíble: atracos a bancos, falsificación de documentos, secuestros, incluso alguna reunión con el Che Guevara. El último proceso judicial al que se enfrentó fue a finales de la década de los 70. Ahora, dos décadas después de que dejara la acción Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga han firmado un documental sobre sus peripecias.
En febrero de 2005 contactaron por primera vez con él. «Tuvo muy buena disposición, pero siempre con el recelo de alguien que ha estado mucho tiempo en la clandestinidad. Después de una larga charla, la sintonía fue magnífica. Creemos que en parte se debió a la cercanía de la tierra donde nació porque había otro equipo de italianos que también iba detrás de él».
En estos dos años han entrevistado a una veintena de personajes que se han mezclado con imágenes de archivo y con una serie de recreaciones. Aunque es un documental entienden que, por las características del personaje, se podría encuadrar en thriller. «Hemos querido dosificar la información, presentar secretos y dejar algunos cabos sueltos», explican los realizadores. También juegan con la luz: en blanco y negro de la posguerra, la imagen colorida de los 60, la más fría de los 70...
Sobre el resultado final explican que la visión romántica del personaje queda matizada con algunas entrevistas, «pero incluso entre los policías y el fiscal que le persiguieron hemos notado cierta admiración». El objetivo ha sido mostrar «un Lucio poliédrico, con sus claroscuros».





