
Representantes de las familia Chillida, Peña-Ganchegui y de José Mari Elósegui, responsable de la ingeniería de la obra, que estuvo presente en el acto junto a su esposa María Jesús, participaron en el acto inaugural junto a varios centenares de ciudadanos. El público esperaba tranquilamente en la zona de las esculturas de Chillida, mientras el cuarteto Izadi ofrecía melodías de todo tipo, algo de música clásica, standards americanos, y el Txoria txori de Mikel Laboa. Luego, la Banda de Txistularis del Ayuntamiento de San Sebastián, acompañó a las autoridades a través del paseo.
Jona Maia bailó el aurresku de honor a las autoridades y el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza; el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano; la consejera de Cultura del Gobierno Vasco, Miren Azkarate; y la presidenta de las Cortes Generales de Gipuzkoa, Rafaela Romero, procedieron al corte de la cinta. A continuación, Odón Elorza y Rafaela Romero entregaron a Pilar Belzunce, viuda de Chillida, un detalle floral, y Markel Olano y Miren Azkarate tuvieron el mismo gesto con la esposa de Elósegui, María Jesús.
«El Peine del Viento hoy forma parte de los espacios más atractivos y maravillosos de San Sebastián», dijo Odón Elorza. «Pero hace 30 años el final de la obra pasó sin pena ni gloria, desapercibido, y mucha gente, incluidas autoridades, dio la espalda a esta magnífica creación, avanzada a su época. Hoy nadie discute el acierto y la belleza de esta creación y todo lo que se conjuga en este lugar. Era de justicia proceder a su inauguración oficial». Elorza no desaprovechó la ocasión para resaltar la «apuesta de este Ayuntamiento para dar continuidad a los paseos en el litoral donostiarra, con la creación de una pasarela hasta Mompas».
Markel Olano destacó que «Chillida, Peña Ganchegui, Elósegui y todos los que intervinieron en esta obra, merecen todos los homenajes y reconocimientos, pero no los necesitan, porque a lo largo de estos años han recibido el mejor reconocimiento: han sido los ciudadanos y visitantes los que se han apoderado de la obra, y la han incorporado de manera destacada a su imaginario de la ciudad. Pocas veces se da esta magia, esta conexión casi trascendente, entre obra y sociedad, entre el creador y la ciudad», señaló Olano.
La anécdota la protagonizó un bañista que, ajeno por completo al acto y el gentío que lo contemplaba, pasó en traje de baño por detrás de las autoridades. Cuando le dijeron que no debía pasar por ahí, él indicó que sólo quería acceder a las rocas bajo las esculturas. Y, entre las sonrisas de las autoridades, allá se fue con su toalla, como confirmando que el Peine del Viento es del ciudadano.










