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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 22 mayo 2012

San Sebastián

SAN SEBASTIÁN CIUDADANOS IZASKUN GONZÁLEZ MUÑECAS MALAS
«Juguemos a ocultarnos y juguemos con la misteriosa máscara»
Trabaja en el puerto de San Pedro. Su obra se expone, inquietante, en Beltza Records. Y en Spitalfields, Londres
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«Juguemos a ocultarnos y juguemos con la misteriosa máscara»
Izaskun González con una de sus 'inocentes' máscaras. [JOSE MARI LÓPEZ]
Se va a Londres. Con parte de su obra. Se va al mercadillo de Spitalfields (estación de metro Liverpool Street), uno de los más in entre la colonia internacional de artistas del momento. Se va a vender sus muñecas heridas en el corazón y sexo. Sus máscaras arrebatadas a los luchadores mexicanos y transformadas en pasamontañas de terciopelo y látex. Se va, pero parte de sus criaturas se quedan encerradas en el escaparate de Beltza Records, en la calle San Juan.



- ¿Por qué?

- ¿Por qué las máscaras, por qué las muñecas, por qué las fotos de paredes decrépitas, por qué los retratos de mi madre como una mujer castigada, con medias a rayas y capirote en la cabeza?

- Empecemos por las máscaras de luchadores.

- Me apasiona la estética de los enmascarados de la lucha libre mexicana. Cogí una de sus capuchas. La destrocé y...

- Espere, espere, ¿cómo se atrevió a destrozar un icono de tal calibre? ¿romper una máscara!

- Necesitaba sacar patrones y sin descoserla, me resultaba absolutamente imposible. Pero no temas, pienso reconstruirla.

- He visto un maniquí en su exposición. 'Pura candela' lleva por nombre. Luce máscara. Lleva delantal ¿Cuánto fetichismo!

- ¿Tú crees? Pues fíjate, lo que yo quería era quitarle misterio, oscuridad, inquietud a la máscara y darle un toque de juego. De ahí lo del delantalito de puntillas.

- Lo del juego queda muy claro pero depende de cómo definamos ese jueguecito. A mí alguien con máscara y delantal me trae imágenes de, lo dicho, puro fetichismo: ama, criada, dómina, siervo...

- Cierto, cierto...

- Todo muy british también. Muy londinense: el noble caballero que al salir de la Cámara de los Lores se viste de criadita y es recibido por una dominatrix con máscara.

- Conforme, plenamente conforme. ¿Es tan diversa, rica y sorprendente nuestra sexualidad! Y mientras todo sea consentido, ¿por qué no? ¿Qué hay de malo en que a tí te vaya un caballero con delantal de puntillas?

- Nada. Menos aún si a mí me gusta llevar máscara y esperarle enamorada. Eso sí, que quede en nuestra intimidad, ¿no?

- Por supuesto. Mucha de la fascinación que provocan todos esos juegos eróticos proviene, precisamente, del hecho de que no se anda por ahí contándolos. Quien se queda fuera de ellos puede sospechar, intuir, imaginar . Y eso es altamente excitante. La máscara tienta porque oculta, porque sólo deja ver aquello que el enmmascarado desea que veas.

- Y luego, faltaría más, entramos en el malicioso juego de las texturas. No es lo mismo acariciar plástico que terciopelo.

- Por supuesto, por supuesto. El tacto es uno de los grandes sentidos del erotismo. Me gusta encuadernar mis álbumes con material mórbido, flexible, del que hace extrañas aguas y tu mano parece hundirse al tocarlo. Voy más allá incluso. Cuando fotografío busco ese momento, ese lugar donde las paredes de hormigón, los tubos de acero, las rejas de hierro empiezan a rezumar, supurar, materia orgánica.

- ¿Tuberías rezumantes! Recuerda películas húmedas tal que 'Alien'.

- Encontrarlas, las encuentras. En naves abandonadas, en fábricas víctimas de cualquier reconversión. En las chimeneas apagadas de los altos hornos. De pronto ves que el óxido desprendido por el hierro es algo viscoso, como un arroyo de líquido espeso. De repente descubres unas hierbas que aparecen en las grietas de una pared de porland...

- Fotografia a su madre, la artista Ana Markina, como una niña que se porta mal y es castigada...

- Tú lo dices: castigada como en los tiempos oscuros. En una próxima serie yo estaré en la sombra, amenazante, con una regla.

- Chica mala.

- Aquí no voy de eso. Comparto juego con mi madre, un pedazo de artista. Además, no hago sino volver a nuestra memoria colectiva, a un pasado aterrador en el que el castigo físico era parte de la educación. Y así se asumía.

- Eso no tenía nada de juego, hacía daño, ¿verdad? Mejor hablamos de sus muñecas. ¿De qué son?

- De tela, de lino. Las relleno. Es otro momento de placer, ¿lo entiendes?

- Sí. A algunas nos gustaba destripar peluches y a vos rellenarlos de foam. A cada quien lo suyo.

- Pura cuestión de tacto, de acariciar, coser, pintar, pinchar.

- ¿Por qué están tus muñecas heridas en el corazón y el sexo?

- Mi trabajo (que lleva tres rombos, tres) se titula Compulsive Behaviour, Conducta Compulsiva. Yo te diría que sexo y corazón rigen nuestros actos, nuestro compartimiento. Nos duelen o nos dan placer.

- ¿Me puede decir lo que es Awakening?

- Una reunión de artistas de próxima generación a celebrarse desde el viernes 28 en el Mercado de la Ribera, el de Bilbao. Lo organiza una sociedad de extraños artistas jóvenes y planetarios llamada Velvet box. Llevaré allá mis muñecas y mis máscaras.

- Hábleme del 'Ojo atómico'.

- Es un Antimuseo de Arte Contemporáneo, una institución (por llamarlo de alguna manera) transitoria e inacabada. Está en Madrid. Lejíiisimos del Reina Sofía. Mis muñecas andan por su shopping room, su mercadillo.
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