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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 22 mayo 2012

Política

ANÁLISIS
SOLEDAD
13.09.07 -
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La renuncia de Josu Jon Imaz a optar de nuevo a la presidencia del EBB puede ser interpretada de mil maneras. De hecho circulan las más variadas versiones sobre sus motivos y sus posibles consecuencias. Pero quizá no pueda ofrecerse una explicación más personal que la de la soledad. Ayer Imaz adoptó una decisión que había madurado en solitario, aunque resulte sospechoso que la eventualidad de su renuncia circulaba desde hace días, y no precisamente por boca de los partidarios de Egibar. Los 'imacistas' más 'imacistas' recibieron la noticia no sólo con absoluta sorpresa. La recibieron con incredulidad y causó en ellos tal desconcierto que llegaba a expresarse como estupor. Luego no se trata de una operación concertada con no se sabe qué incierto objetivo. Es sencillamente la retirada de alguien que no podía más. Y no podía más porque se encontraba, se sentía solo o insuficientemente respaldado.

Aunque así fue desde un comienzo. Por eso, nadie entre los 'imacistas' más 'imacistas' osará reprocharle nada a Josu Jon. Pero su pesadumbre contribuirá a que Egibar vea en su renuncia una victoria personal tan clara que le permita el honroso gesto de no postularse como candidato a presidir el EBB.

En realidad Egibar no necesita renunciar tan pública y sonoramente. Entre otras razones porque esa probable decisión ya se ha cobrado su pieza. Ahora basta con que Iñigo Urkullu sea proclamado aspirante por consenso sobre las bases de la ponencia que sintetiza el pensamiento jeltzale. Nadie se le opondrá. Y menos Egibar, que acostumbra a hacerse oír sólo cuando la política de su partido se distancia del cauce que a él le parece aceptable. Algo que no se dará sin Imaz, ni siquiera de palabra.

Ayer se volvió a escuchar el eco de lo que advirtiera Egibar días atrás, asegurando que el candidato del PNV a lehendakari no podría ser otro que Juan José Ibarretxe. Si la bicefalia entre éste y el presidente del EBB invertía los términos lógicos, en tanto que situaba al frente del partido al pragmático y al frente del gobierno de todos los vascos al visionario, eso ya no será problema. Por lo menos durante los próximos cuatro años. A no ser que, conmovido por el gesto de quien fuera su consejero de Industria, Ibarretxe decida emularle retirándose de la escena.

Pero no hay cuidado, porque es en momentos así cuando los jeltzales abrazan la máxima ignaciana. En el improbable caso de que Ibarretxe se vea tentado de seguir los pasos de Imaz, la zozobra provocada por la retirada de éste disuadirá al lehendakari de proceder a más mudanzas. Un argumento que Egibar no precisa para continuar estando ahí, donde siempre.
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