No hizo un mal Tour, pero tampoco lo que se esperaba de él. Decidió no correr la Vuelta a España para preparar el mundial. Es como si en su equipo, que suelen ser visionarios, en el buen sentido, para estas cosas intuyesen lo que se les podía venir encima. ¿Se imaginan que Valverde estuviese corriendo la Vuelta? Todo el día estaríamos, todavía más, con el dichoso Mundial a cuestas.
Desde que surgió este asunto, uno tiene la impresión de que la cabeza de Valverde se la han entregado en bandeja a los organizadores del Campeonato del Mundo. Y quien lo ha hecho ha sido la UCI. De esta forma están cubiertos ante los alemanes y cobran sus derechos monetarios. La Federación Española va a inscribir a Valverde. Llegar con él a Sttutgart sería un espectáculo, y nunca mejor dicho, mundial, con toda la prensa alemana, y mucha que no es de ese país, también, acechando el hotel de la selección.
Todos esos problemas se trasladarán al equipo. Alejandro Valverde está en una auténtica encrucijada. Si no va al Mundial, la UCI y los que no quieren que no esté en esa cita, habrán ganado. Si acude, no le van a dejar tranquilo ni a él, ni al equipo. Dicen que la venganza es un plato que se sirve muy frío. El que le ha pasado la UCI a la Federación está helado.
Por cierto, no he visto que alguna de las federaciones que están en contra del máximo organismo del ciclismo mundial, Francia o Italia, hayan apoyado en este asunto a la Española. Valverde se quedará sin correr el Campeonato del Mundo. Al tiempo.






