
El desfile partió del Ayuntamiento donde los dantzaris recogieron de manos del alcalde las banderas de Igartza y de Beasain.
Fue un bello recorrido el realizado por los bailarines con continuas evoluciones unidos entre sí mediante largas espadas, a través de la calle Mayor y avenida de Navarra hasta llegar al conjunto monumental de Igartza en donde les esperaban cientos de personas apostados en torno al mismo.
Vestimenta
Los dantzaris vestían, unos con calzón blanco y otros negro, y todos con alpargatas con cinta roja, camisa blanca, media blanca y pañuelo rojo anudado a la cabeza tal y como reza en los documentos de hace 200 años que describían la vestimenta de los ezpatadantzaris.
En Igartza, ubicados a uno y otro lado del río y con el puente como nexo se inició la actuación de todos ellos
Bailaron delante de cada edificio histórico y tras una de las danzas escenificaron la toma de posesión de cada uno de ellos por parte del nuevo señor de Igartza, rito que se ha llevaba a cabo a lo largo de los siglos.
A través de una base formada por las espadas, en el mismo puente un dantzari hizo bailar la enseña de los Igartza y más tarde la de Beasain al tiempo que tres jóvenes ezpatadantzaris bailaban la ezpatadantza de San Martín de Loinaz. «Ha sido un espectáculo que ha dotado de más valor añadido a Igartza», dijo Juantxo Agirre coordinador de la comisión Igartza.
Una comida en el patio del palacio puso el punto y final a la jornada festiva.





