
El punto de mayor tensión de ayer volvió a concentrarse en el paso de la manifestación de Jaizkibel en la Calle Mayor. Escoltada por un fuerte dispositivo de antidisturbios de la Ertzaintza, la marcha partió a las 8.25 horas, cumpliendo el decreto de horarios de Interior. Para entonces, la principal arteria del casco viejo hondarribiarra se encontraba repleta de público que esperaba el paso del Alarde. Esta vez, los simpatizantes del desfile tradicional cambiaron el modo de su protesta. Si los dos últimos años desplegaron enormes plásticos negros para protestar ante Jaizkibel y el hecho de que Interior les «imponga presenciar una manifestación que no comparten», esta vez cambiaron la estrategia. Se vistieron con plásticos amarillos, ocultaron sus rostros con caretas de personajes de Walt Disney y simularon leer el periódico al paso de Jaizkibel.
La manifestación de la citada compañía, que este año contó con «más participación que nunca» -unos 250 músicos y escopeteros y 300 manifestantes-, cumplió el recorrido de ida y vuelta por la Calle Mayor sin apenas gritos, silbidos, ni insultos. Tampoco se oyó el ruido ensordecedor de otras veces. Tan sólo, hubo pequeños roces dialécticos cuando alguien se refirió a parte del público con gritos de «¿Aúpa Orio!» o «¿Es que sois españoles?», en alusión a los colores que portaban y a la rivalidad en el remo. Todo quedó en eso. Lejos quedan los conatos de agresiones, los insultos o el medio centenar de detenidos del año 2000. Eso sí, lo que se repitió fue el despliegue de la Ertzaintza, apoyado por un helicóptero.
Jaizkibel prosiguió su recorrido y, por primera vez, realizó un pequeño desfile en el monte Guadalupe. Además, la cantinera, Itsaso Lekuona, y algunos mandos participaron en la misa del santuario. Todo un hito.
5.500 efectivos
Una vez que Jaizkibel cumplió su desfile, los simpatizantes del Alarde limpiaron la calle Mayor de pasquines y guardaron las caretas. A las 9.00 horas, el público rompió en aplausos cuando el cabo de hacheros, Juan José Sorondo, cruzó el portal de Santa María dando comienzo al Alarde.
Este año, 5.5000 efectivos completaban las 21 compañías y la escuadra de hacheros, a los mandos de Mikel Jauregi, que se estrenaba como burgomaestre. Las 21 cantineras derrocharon saludos, respondidos por el público con aplausos interminables.
Fiesta y solemnidad se unieron en el recorrido. Descargas en la plaza de Armas, sones de pífanos... La compañía Arkoll, acompañada de la tamborrada, recogió el estandarte de la Virgen y el cabildo eclesiástico se unió al desfile. El Alarde continuó hasta la ermita de Saindua, donde se decretó el primer rompan filas. La fiesta se trasladó entonces a Guadalupe, donde a mediodía se cumplió con el voto que la ciudad de Hondarribia realizó tras el sitio de 1638. Posteriormente se celebró un alardillo.
Por la tarde, Jaizkibel y el Alarde volvieron a recorrer las calles de Hondarribia, sin incidentes. A las 20.00 horas, los sones de la Fagina interpretada por la banda anunciaron el rompan filas del Alarde, hasta el año que viene.
Poco antes de las diez de la noche, unos desconocidos rompieron una luna de la sede de Alarde Fundazioa, en el número 2 de la calle Arategi.
jmvelasco@diariovasco.com
















