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RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 22 mayo 2012

Internacional

MUNDO
Bush reducirá el número de tropas en Irak si prosiguen los «éxitos» en la pacificación
El presidente viaja por sorpresa al país árabe y subraya que el «sacrificio» de los soldados ayuda a «mantener seguras» las calles de Estados Unidos. «Sólo nos retiraremos desde una posición de fuerza», proclama.

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WASHINGTON. DV. Con la furtiva ventaja de un largo fin de semana festivo en Estados Unidos y de camino a la cumbre de países ribereños del Pacífico convocada esta semana en Australia, el presidente Bush realizó ayer su tercera «visita sorpresa» a Irak. Con este gesto, a medio camino entre la diplomacia y el montaje mediático, la Casa Blanca inaugura el curso político en Washington intentando resaltar los avances logrados en el país árabe por un reforzado contingente del Pentágono de más de 164.000 soldados, el equivalente a veinte brigadas de combate.

La visita de seis horas llevada a cabo por el presidente norteamericano se limitó a la fortificada y remota base militar de Al Asad, situada a unos 200 kilómetros al noroeste de Bagdad, en la provincia de Anbar. Esta desértica parte de Irak, con 1,2 millones de habitantes antes de la guerra, figuraba como destacado pilar de la insurgencia suní hasta hace un año. Sin embargo, en lo que la Administración Bush presenta como un importante logro desde la invasión del 2003, un número cada vez mayor de tribus de la zona ha empezado a colaborar con las tropas de Estados Unidos con una mejora significativa en términos de seguridad.

Recibido con unas temperaturas por encima de los 43 grados, el propio Bush planteó de forma bastante matizada la posibilidad de una reducción de tropas en el país. Según el presidente, a la vista de los avances logrados este verano, los máximos responsables diplomáticos y militares de Estados Unidos en Irak le habrían dicho que «de seguir la misma clase de éxito que estamos viendo, será posible mantener el mismo nivel de seguridad con menos fuerzas americanas». Eso sí, el líder republicano insistió en que el posible repliegue «se hará desde una posición de fuerza y éxito, no desde el miedo y el fracaso». «EE UU no abandonará a sus amigos, EE UU no abandonará al pueblo iraquí», agregó.

El simbolismo de la aparición del presidente Bush, que evitó comparecer junto a la cúpula de su Gobierno en Bagdad, también ha servido para demostrar la frustración de Washington con los limitados logros de reconciliación alcanzados por el Ejecutivo de Irak. Además, el viaje del mandatario republicano se ha producido a apenas una semana de que se presente ante el Congreso federal un informe anticipado sobre los resultados obtenidos con los refuerzos ordenados en enero por la Casa Blanca. El portavoz del Pentágono, Geoff Morrell, apuntó durante la visita el calado que podría llegar a tener el paso de Bush por el territorio iraquí. A su juicio, Bush mantuvo en la base de Al Asad su «última gran reunión con sus consejeros militares» antes de que decida el camino a seguir en el país.

Arenga a los militares

El presidente Bush, acompañado por Condoleezza Rice, fue recibido en la polvorienta base militar de Anbar por el secretario de Defensa, Robert Gates, que había llegado con anterioridad a estas instalaciones que cuentan con sus propias pistas de aviación y que estos momentos acogen a 10.000 soldados de los marines y el Ejército de tierra. En una breve arenga ante 750 militares y otros invitados, el líder conservador volvió a vincular la seguridad de los estadounidenses con el resultado de la guerra de Irak. «Vuestro sacrificio entre las arenas de Anbar ayuda a mantener seguras las calles de Estados Unidos», proclamó.

Durante su fugaz incursión en tierras del golfo Pérsico, el comandante en jefe de Estados Unidos también recibió a cinco líderes iraquíes, incluidos el primer ministro Nuri al-Maliki y el presidente Jalal Talabani. Para garantizar que todos los grupos del mosaico iraquí han estado representados en la visita, también se invitó a una selección de diferentes líderes étnicos y religiosos con las correspondientes exigencias por parte de la Casa Blanca de un esfuerzo en materia de unidad nacional.

A estas alturas, la guerra de Irak ha terminado por monopolizar el segundo mandato del presidente Bush y representar un creciente lastre político para el Partido Republicano. Pese a una prematura declaración de victoria a tan solo un mes de la invasión, y previsiones neoconservadoras de que las tropas del Pentágono serían recibidas como libertadores, el conflicto ha costado ya más de 241.000 millones de euros además de las 3.750 bajas mortales y 27.000 heridos acumulados por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

Con todo, la confianza de la Casa Blanca en que el Congreso de Estados Unidos, pese a las mayorías del Partido Demócrata, no se va movilizar en su contra llegaría hasta el punto de estar preparando una solicitud adicional de dinero para Irak. El Gobierno conservador baraja pedir alrededor de 50.000 millones de dólares, unos 36.600 millones de euros al cambio, para reforzar la presencia del Pentágono en el país.
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